Melina Masnatta creó junto con un grupo de mujeres Chicas en Tecnología (CET), una organización sin fines de lucro que promueve la inserción de las jóvenes en un sector en el que la brecha de género todavía persiste.

Masnatta forma parte del aún reducido colectivo de mujeres que se destacan en un rubro dominado por hombres pero trabaja desde hace casi una década en revertir esta desigualdad. Con 37 años, la emprendedora social se convirtió en una referente para miles de jóvenes que aspiran a un futuro en la tecnología a pesar de las barreras culturales y económicas a las que se deben enfrentar.

Solo en el 2019, los proyectos de la ONG alcanzaron a más de 4.100 adolescentes mujeres en todo el país (82 localidades de 14 provincias) con diversos programas en los que aprendieron habilidades blandas y técnico-tecnológicas necesarias para pasar a ser creadoras y no solamente usuarias de tecnología, un salto clave para acceder al mercado.

CET nació en 2015, cuando Melina junto a otras tres mujeres que se desempeñan en el sector decidieron encarar un proyecto que no solo le abriera las puertas a más chicas sino que las ayudara a desarrollarse y pensarse como posibles líderes en tecnología.

“Nos encontramos 4 mujeres que veníamos trabajando en distintos ámbitos del sector. Todas detectamos que no solo teníamos un límite en nuestro crecimiento profesional sino que además eramos pocas. A partir de ahí empezamos a pensar en cómo podíamos hacer algo para transformar esa realidad”, recuerda Masnatta, quien además es investigadora y profesora.

En ese camino se encontraron con la primera barrera cultural: desde que son adolescentes, las chicas sienten que la tecnología no es un camino para ellas.

La brecha nace incluso dentro de las familias, de la misma escuela, de los círculos más cercanos de esas jóvenes. Si desarrollan un interés en la tecnología el mensaje que reciben es que eso no es para ellas, que requiere de una inteligencia superior y que deben saber matemática avanzada. Cuando en realidad, el mundo de la tecnología va más allá de la programación”, explica la especialista.

Su organización fue la primera en investigar cuántas mujeres estudian carreras vinculadas a la informática, ingeniería y tecnología en Argentina; dato que no existía previamente. El resultado obtenido reafirmó las sospechas: en las universidades públicas y privadas de nuestro país solo el 16 % de los ingresantes son mujeres.

Estos datos resultaron fundamentales para desarrollar políticas más inclusivas que brinden una solución a la brecha de género en el sector. La ONG creó programas e iniciativas basados en cuatro pilares: Tecnología, Educación, Liderazgo y Emprendedorismo, todos ellos atravesados por la perspectiva de género.

La falta de representación en estas carreras también se traslada al mercado laboral. Si bien existen empresas tecnológicas con mayor diversidad de género, las mujeres deben superar más dificultades para ingresar a un sector en ascenso.

Las barreras son culturales pero también son económicas. Para reducir la brecha de género en el sector hay que acompañar las acciones con políticas a largo plazo. Las empresas y start ups tienen que pensar ya mismo en desarrollar sus políticas para que una vez que ingrese una mujer en el mundo tecnológico, también pueda crecer y convertirse en una líder de tecnología, asegura Melina, y a su vez agrega: “Si hoy están faltando soluciones innovadoras en el sector es porque no hay suficientes mujeres en tecnología, y muchos menos mujeres latinoamericanas o argentinas”.

Reconocida en el mundo

Melina nació en Chubut, en una época en que la computación parecía algo lejano, sin embargo, captó su atención de inmediato. “Yo soy de una ciudad muy pequeña de la Patagonia. Cuando mi familia invirtió por primera vez en una computadora a mí me parecía increíble lo que se podía hacer”.

Con un diploma de honor de la UBA en Ciencias de la Educación, Masnatta se lanzó a la tecnología de lleno y realizó un master en Tecnología Educativa. “A medida que fui trabajando en educación, fui encontrando respuestas en la tecnología sobre cómo se aprende y se enseña a través de ella, además de la capacidad democratizadora que tiene. En la tecnología educativa no hay nada escrito, se está experimentando”, revela la emprendedora.

Por su trabajo recibió reconocimientos por parte de la Universidad de Georgetown, Fundación Schusterman, UPWARD y Fundación Tällberg. Asimismo, el año pasado fue galardonada por la compañía alemana, Beiersdorf, por la creación de soluciones innovadoras durante la pandemia.

Melina fue la única persona de América Latina en ser reconocida y ganar el apoyo financiero para potenciar las soluciones generadas durante 2020. Por si fuera poco, recibió el Premio Emprendedora Social 2020 por EY Argentina, gracias a su aporte como emprendedora social en educación y tecnología con impacto social.

“El reconocimiento es la validación de un recorrido, de todo el trabajo que una hace, pero también es la oportunidad para que el resto del mundo comience a ver a la región y a lo que una mujer puede hacer. Que me recnozcan en el mundo por estos atributos va más allá de Melina", reconoce.

J.G.

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