Al menos un centenar de personas volvió, por tercer día consecutivo, a rezar y pedir por los submarinistas desaparecidos y sus familias en la base naval de Mar del Plata donde, desde hace más de una semana, aguardan noticias para conocer qué ocurrió con el ARA San Juan.

"Es desgarrador ver a alguien que sufre, y no tiene ningún sentido tratar de consolarlo con la razón. Lo que sí podés hacer es darle un abrazo, y la oración es eso: llevar aliento y alivio desde otro lugar", dijo Ricardo Ibáñez, uno de los organizadores del encuentro.

Después de las noticias brindadas por la Armada este mediodía, cuando se confirmó el reporte de una explosión en la zona en la que el submarino emitió su última comunicación el 15 de noviembre, el grupo de oración centró sus plegarias en las familias de los marinos.

"Lo negativo ya pasó, pero lo positivo es que hay mucha gente que tiene fe, que no son estatuas, que no son fríos y que tenemos un corazón que se conmueve ante el dolor ajeno", afirmó.

A lo largo de la semana se promovieron numerosas muestras de afecto de usuarios de redes sociales en distintos países, entre las que Ibáñez destacó una iniciativa de un batallón de la Armada de Colombia, que se tomó una fotografía arrodillado en una capilla rezando por los submarinistas.

"La colaboración del mundo es un empuje que nos invita a salir adelante y dar todo nuestro apoyo. Esto no tiene límites. El poder de la oración es infinito", aseguró.

Entre los presentes en el rezo estuvo también José Carrizo, suboficial mayor submarinista retirado, quien dijo conocer a muchos de los tripulantes del sumergible extraviado.

Catamarqueño y con 50 años de experiencia en la marina, aseguró que es "una profesión especial" y que "es una verdadera incógnita qué pasó" con los tripulantes del submarino.

"Todos los miércoles nos juntábamos a comer y a charlar con varios de los chicos del San Juan. No me queda más que rezar por ellos, por su alma", se lamentó el marino.

Lejos de ese grupo, vecinos de la ciudad también se acercaron a brindar su apoyo e informarse de las novedades.

Luis Bazzo, marplatense de 62 años, estuvo desde temprano frente a la puerta de la base: "Hace dos días que vengo. Si se confirma lo peor sería terrible, ojalá que no, pero cada vez es más difícil pensar en algo distinto", dijo.

"Yo fui marino durante cinco años y dos de mis ex compañeros están adentro del San Juan. Me duele en el alma pensar en ellos y en lo que pudo haberles pasado", se lamentó Juan Galisalle, salteño de nacimiento y vecino de la ciudad desde hace varios años.