Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar

La crisis económica que atraviesa nuestro país se acrecienta y prácticamente no hay sectores que no la sientan. Unos más que otros, pero en todos de alguna manera repercute. No hay duda que en los albergues transitorios, el momento es muy duro. Según datos de la cámara que los nuclea hubo "un retroceso del 20 por ciento en el ingreso de clientes, y un aumento de entre el 300 y 500 por ciento en lo que refiere a los servicios en los últimos meses a nivel nacional". Las tarifas de luz y gas, algo fundamental para el desarrollo de esta actividad y la necesidad imperiosa de tres turnos de personal, complicó el panorama de manera alarmante.

José Capello (presidente de la Federación Argentina de Alojamientos por Hora FADAPH) le dio a Crónica un "pantallazo" de lo que están viviendo desde hace tiempo: "El sector está en una situación muy difícil, que no es exclusivamente de nuestro rubro, puntualmente por diferentes factores múltiples, donde tiene mucho peso la situación económica de la gente en general. En el último tiempo se notó una baja importante, y a nivel clientes hay una porcentaje que oscila el 20 por ciento, pero en donde se nota mayor dificultad no es sólo en la baja, ya que al no ser un producto de primera necesidad, sino que es relacionado con el entretenimiento o diversión, el aumento de los costos hace que los negocios sean inviables y en el mejor de los casos hacer un esfuerzo para tratar de sobrevivir".

Hay que resaltar que en país hay cerca de 700 hoteles de estas características, de los cuales 140 están instalados en Capital Federal y 350 en la provincia de Buenos Aires, con lo cual la mayoría de los establecimientos se encuentra en esta región. Respecto a esto, Capello agregó que "donde más se siente el impacto es en el núcleo de Capital y conurbano, que es donde más competencia y presencia hay, por ende, donde se registran los mayores inconvenientes económicos. Después, cada provincia tiene su situación particular, pero la crisis económica hizo que haya una baja en todo el país".

"La merma de clientes viene desde hace años, pero en Capital se da una situación donde hay zonas que el sector inmobiliario ha progresado mucho y hay algunos hoteles donde están al límite con el tema de los costos. Les cuesta mucho aguantar, porque no resiste el avance inmobiliario, pero más allá de eso también se incrementa el aumento de costos de tarifas por presión impositiva, ya que la emisión tarifaria de nuestros negocios tiene una estructura edilicia importante, que se hace imposible de sostener", remarcó.

Con relación al consumo que tienen que afrontar los hoteles (24 horas abierto y con 10.000 trabajadores de manera directa), el funcionario argumentó que "por más que uno quiera ahorrar se dificulta mucho, porque la gente necesita calefacción, agua para bañarse o el aire acondicionado en épocas de verano. Cuando te llega la factura a fin de mes y ves que las cuentas son exorbitantes y van más allá de cualquier criterio razonable, se hace insostenible. Los valores aumentaron en los últimos años más de 15 veces, comparado con el 1 a 1, en dólares pagamos un 50 por ciento más, el 1 a 1 eran tarifas de empresas privadas supuestamente renovables y se convirtió en una máquina de recaudar, desde el punto de vista impositivo, porque no sólo se actualiza la tarifa sino que se mantienen los porcentajes impositivos, que superan el 30 por ciento de cada servicio". A la hora de opinar sobre los trabajadores, Capello advirtió que "tratamos de tener el personal acotado, porque venimos sufriendo la industria del juicio laboral, que es otro tema preocupante y por eso nos ajustamos, y buscamos tener la cantidad de gente de manera equilibrada".

"Estamos haciendo malabares para seguir subsistiendo"

Es indudable que los hoteles tienen que hacer malabares para poder seguir adelante y no cerrar sus puertas. Soledad es encargada del hotel Dallas, del barrio de Balvanera, y le comentó preocupada a Crónica que "se nota mucho la baja en lo que respecta al ingreso de clientes, no sabría dar datos concretos, pero creemos que la caída ronda entre el 30 y 40 por ciento. No queremos subir los aranceles, porque eso complicaría aún más la situación, entonces decidimos hacer promociones, como por ejemplo darles tarjetas a los clientes con diversos descuentos, o tenemos varias páginas como Grupón y tarjetas como Erógena y Tentaciones, que hacen descuentos, pero de todas maneras mucha gente no viene con estos métodos".

Además de la caída del servicio utilizado por la gente, otro de los problemas a los cuales se enfrentan los albergues transitorios es el aumento de los servicios públicos, algo que es alto, debido a que el funcionamiento de estos lugares es continuo (tres turnos). Respecto a esto, la mujer agregó que "la suba de los servicios se nota mucho y creo que en nuestro caso el aumento se acercó al 500 por ciento, por ejemplo de luz la última boleta llegó con 35.000 pesos y de agua casi alcanzó los 50.000, pero no queda otra que pagarlo y seguir como se pueda adelante".

Todo muy complicado

Otro de los testimonios, que ratifica la mala situación que están viviendo los dueños y trabajadores de los hoteles alojamiento es de Miriam, que es encargada del hotel Platino del barrio de Caballito, y relató el duro momento que les toca pasar. "En comparación con otros meses, la cantidad de gente que viene es mucho menor y esto es una gran preocupación para el sector. Un punto muy preocupante que complica a todos es la atrocidad en los aumentos de los servicios, en nuestro caso recibimos facturas con números exorbitantes. Bajamos un poco el tema de las lamparitas, pero igual todos los meses los aumentos son terribles, en el caso de los aires acondicionado, tratamos de mantenerlos en los 24º, pero el consumo es alto y eso se refleja en las boletas, pero es un hotel alojamiento y no se puede hacer faltar el aire a la gente. Si no recuerdo mal, la última factura de luz llegó con 13.000 pesos", comenzó diciendo la mujer.

Con relación al tema del personal, ya que se necesita gente para tres turnos, los siete días de la semana, Miriam, agregó que "por ahora el dueño está manteniendo a la gente, porque algunos se fueron tomando vacaciones y eso disimuló un poco la situación, pero nos habla todo el tiempo de que hay poco trabajo y mucha gente, de hecho, hay días que no hay trabajo en el hotel". La encargada finalizó diciendo que "intentamos mantenernos, pero cada vez es más complicado, porque al aumentar las cosas o el hotel, la gente viene menos. Si una habitación antes estaba 300 pesos, ahora sale 400, y hasta el momento no hemos decidido hacer promociones, pero no se sabe qué pasará en el futuro. Ojalá esto pueda cambiar y mejore la situación, porque el panorama es muy duro en el presente".

Cambiaron los hábitos
Por Jorge Rodríguez
jrodriguez@cronica.com.ar


Aunque la situación económica es determinante, el cambio de hábitos tiene mucho que ver en que los albergues transitorios se encuentren hoy "pidiendo pista". Nacidos allá por 1937, con el cierre de los prostíbulos y la consecuente sanción de la ley de profilaxis, tuvieron su momento de esplendor hasta los años 90, cuando muchas cosas comenzaron a cambiar. Lo que primero se conoció como "amueblada", fue después hotel alojamiento, pero el término más reconocido sigue siendo "telo". Esos nidos de amor llegaron a ofrecer enorme cantidad de lujos a sus clientes, muchos de los cuales morían por los colchones de agua, los jacuzzi o los saunas, algo que movió hasta el mismísimo Ringo Bonavena, que cierta vez por televisión, cuando se le preguntó por el tema, respondió con su habitual verborragia. "Yo no sé si van a coj... o bañarse". Años antes, el cine nacional había narrado divertidas historias de lo que ocurría puertas adentro. "Hotel Alojamiento" en 1966 y "La Gran Ruta", en 1971, ambos filmes dirigidos por Fernando Ayala, fueron producciones cargadas de cierta osadía para aquellas épocas. Pero todo fue mutando y cierto sentido de la privacidad comenzó a desaparecer, todo esto acompañado de otros factores, entre ellos y como primordial el económico. La vida se hizo más light, los jóvenes manejan otros códigos y las parejas eligen para un momento de pasión la casa de sus padres, en muchos casos con la misma anuencia de ellos. Lejos, pero muy lejos, quedó ese prurito que generaba ingresar a un alojamiento donde él aceleraba los pasos y ella disimuladamente buscaba taparse el rostro. Y aunque todavía los tramposos en esto del amor puedan hacerse una escapada, o existan aquellos que cueste lo que cueste no quieran dejar pasar la oportunidad, o que haya matrimonios que lleguen en búsqueda de dos horitas de tranquilidad, lo cierto es que ya no es lo mismo de antes. Y si a la merma de clientes se suman los gastos fijos (luz, gas, agua y empleados son esenciales para el rubro), es muy difícil que los números cierren. Costumbres distintas y costos exorbitantes se convirtieron en una letal ecuación.