Por Aldo Godino
agodino@cronica.com.ar

La tolerancia es respeto por la libertad. Es también la capacidad de soportar las peculiaridades de los demás, sin que nos enfurezcan. La tolerancia habla de autocontrol, de paciencia y de re-educación emocional.

Aunque aumentan las pancartas a favor de la diversidad, vivimos en una sociedad cada vez más intolerante. Parece que somos menos pacientes o menos amables con los otros y que nos cuesta mucho ponernos en su lugar.

Ha crecido la antipatía ante las particularidades de lo cotidiano. Algunos comportamientos de riesgo son consecuencia (no exclusiva pero sí significativa) de una anorexia relacional. Personas que gritan en el colectivo, que escuchan música sin auriculares por la calle, que nos atropellan porque caminan mirando su celular, que hacen ruido al caminar por la oficina, no deberían ser un motivo suficiente para el enfado o la pelea. Menos aún si hay personas, con "otros valores morales y estéticos", que toman mate alrededor de la pileta y juegan con sus mascotas. No puedo concluir que todos están en nuestra contra y por ello eligen esas acciones para molestar o perturbar nuestra tranquilidad. Tampoco puedo asegurar que los demás "son grasas de décima" o "bestias" que provienen de "barrios no muy buenos visualmente".

No estamos solos en este mundo (afortunadamente) y cada ser a nuestro alrededor puede hacer lo que quiera mientras no nos ataque. Todos tenemos nuestras individualidades, manías que en un momento determinado pueden molestar al resto y para las que pedimos comprensión. Lo que pasa es que, al ser nuestras manías, a nosotros no nos molestan.

La falta de respeto es el enemigo número uno de la tolerancia y la concordia, no se puede construir paz cuando promovemos la infelicidad del prójimo, burlándonos o criticando su ropa, su físico o su nivel de educación. Los seres humanos somos capaces de cambiar el mundo siempre y cuando exista la disposición y la convicción de comenzar por nosotros mismos. ¡El respeto es tolerancia! ¡Y la tolerancia es paz!