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El emotivo origen de la guitarra de árboles que se convirtió en símbolo de amor eterno

En medio de la llanura cordobesa, una impactante obra visible desde el cielo mantiene viva una historia atravesada por la pasión, la pérdida y un homenaje imposible de olvidar.

A lo largo de la historia, muchas personas encontraron distintas maneras de inmortalizar el amor: canciones, cartas, esculturas, pinturas o monumentos que atraviesan generaciones. Sin embargo, algunos homenajes logran ir más allá y transformarse en verdaderas obras capaces de emocionar incluso décadas después. 

En el corazón de la provincia de Córdoba, una gigantesca guitarra formada por miles de árboles se convirtió en uno de esos símbolos eternos. Detrás de su impactante figura visible desde el cielo, se esconde una historia marcada por la devoción, la pérdida y una promesa que quedó grabada para siempre en la tierra argentina.

Una figura gigante que sorprende desde el aire

A pocos kilómetros de General Levalle, existe una de las creaciones más sorprendentes del país: una gigantesca guitarra formada por más de 7000 árboles que puede verse desde avionetas, satélites e incluso en Google Earth.

La silueta aparece en medio del paisaje pampeano con una precisión impactante. Sus contornos perfectamente definidos llaman la atención desde hace años a pilotos y viajeros que sobrevuelan la zona. Sin embargo, detrás de esa imponente imagen existe una historia profundamente humana.

El sueño que Graciela imaginó desde el cielo

Todo comenzó a fines de los años 60, cuando Pedro Martín Ureta, integrante de una familia estanciera y con un espíritu bohemio marcado por sus años en Europa, conoció a Graciela Yraizoz. Él tenía 28 años y ella apenas 17, pero el flechazo fue inmediato.

Según relataron familiares y amigos en un artículo publicado por el Wall Street Journal en 2011, el párroco de la localidad dudó en celebrar la boda por la diferencia de edad. Sin embargo, Pedro logró convencerlo demostrando el profundo amor y compromiso que sentía por Graciela.

Tiempo después, durante un vuelo sobre la monotonía de la llanura pampeana, Graciela observó un campo cuya forma le recordó a un balde. Aquella imagen despertó en ella una idea muy especial: soñaba con tener un terreno con forma de guitarra.

Pedro escuchaba el deseo de su esposa, aunque por entonces solía responder: "Después, hablemos después", tal como recordó años más tarde su hijo Ezequiel.

La tragedia que cambió todo

En 1977, la vida de la familia cambió para siempre. Graciela Yraizoz sufrió un aneurisma cerebral tras desmayarse repentinamente y murió poco después. Tenía apenas 25 años y estaba embarazada del que iba a ser el quinto hijo de la pareja.

La pérdida dejó devastado a Pedro Martín Ureta, quien decidió convertir en realidad aquel sueño que su esposa nunca pudo concretar.

Cómo construyeron la impactante guitarra gigante

El proyecto tomó forma en un campo ubicado a unos 19 kilómetros al norte de General Levalle y ocupó alrededor de 25 hectáreas.

La obra fue diseñada utilizando distintas especies de árboles para generar contrastes visibles desde las alturas. Los bordes de la guitarra fueron realizados con cipreses californianos, que aportan un verde oscuro intenso. Las cuerdas se construyeron con eucaliptos medicinales de tonalidad azulada, mientras que el puente y la estrella decorativa se delinearon con pinos cipreses de piña.

Cuando comenzaron a plantar los árboles, a fines de los años 70, los retoños apenas medían entre 15 y 25 centímetros. Décadas después, el paisaje terminó de tomar la forma soñada.

La creación incluso sorprendió a la NASA, cuyos satélites lograron captar la enorme guitarra desde el espacio.

Años de trabajo y una lucha constante

Pedro Martín Ureta trabajó en el proyecto junto a empleados y familiares de la estancia. Durante años enfrentaron lluvias, sequías y también los daños provocados por liebres y cuises que afectaban los pequeños árboles recién plantados.

Con paciencia y esfuerzo, la guitarra terminó convirtiéndose en una obra única en el mundo.

Quienes recorren la estancia desde el suelo atraviesan caminos rodeados de árboles perfectamente alineados, aunque el verdadero impacto aparece desde el aire, donde la silueta se revela en toda su magnitud.

Paradójicamente, Pedro jamás vio la guitarra desde el cielo porque le tenía terror a volar.

Un homenaje que quedó para siempre en la pampa argentina

En septiembre de 2019, el diario Puntal de Río Cuarto informó la muerte de Pedro Martín Ureta a los 79 años con una frase cargada de simbolismo: "El creador de la estancia La Guitarra ve su obra desde el cielo junto a su amada".

Aunque con el tiempo rehízo su vida y volvió a formar una familia, la gigantesca guitarra de árboles quedó como el recuerdo eterno del amor que marcó su historia.

Cuando el amor logra vencer al paso del tiempo

Décadas después de aquella promesa silenciosa, la guitarra de árboles continúa intacta en medio de la llanura cordobesa como una prueba de que algunos sentimientos consiguen sobrevivir al tiempo, la distancia y la ausencia. 

Lo que nació como el sueño de una pareja terminó convirtiéndose en uno de los homenajes más conmovedores de la Argentina. Desde el cielo, la inmensa figura todavía parece recordarle al mundo que hay historias de amor capaces de permanecer vivas para siempre.

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