Argentina vive días difíciles en términos económicos y sociales, razón por la cual las buenas noticias son recibidas con alegría y esperanza. "No me canso de enseñar", dijo Nicanor Quinteros, el protagonista de una historia que entusiasma y refleja el deseo de la sociedad de salir adelante y poder ayudar, en lo que sea, al que se tiene al lado.

El sanjuanino de apenas 12 años decidió abrir una escuela en el patio de la casa de su abuela para darles un apoyo a todos aquellos vecinos, amigos y conocidos que tengan dificultades a la hora de estudiar. El pequeño vive con su abuela desde los siete años y es el sostén fundamental para que el proyecto siga en pie.

"Sin saberlo, sigue los pasos de Sarmiento", contó, orgullosa, la señora, quien además les prepara una copa de leche todas las tardes a los chicos que asisten a clase. "Le pido a cada chico que traiga un saquito de té y mi abuela me ayuda con algo para comer", agregó Nicanor.

Los comienzos

La historia se remonta a 2015, año en el que Quinteros abrió las puertas de la escuela "Patria Unida", un establecimiento que comenzó como un juego y ahora cuenta con pizarras, bancos, libros y alumnos. El "profesor"contó que nunca imaginó que ese ranchito que sus tíos habían construido para guardar motos y bicicletas se iba a transformar en tres aulas.

Quinteros respeta los horarios pautados y brinda tres turnos de dos horas cada uno en su propia escuela. Cada aula no supera dos metros cuadrados y están destinadas a chicos de diferentes edades. También asisten pibes de jardín de infantes, por lo que el joven dispuso blocks para que los más chicos se sienten a dibujar y jugar.

"No me canso de enseñar. Me gusta que sean buenos alumnos", contó el "pequeño Sarmiento", quien entona las estrofas del Himno Nacional Argentino y de las canciones patrias antes de iniciar la jornada educativa. "Tomamos pruebas varias veces al mes y la mayoría de las clases trabajamos muchos ejercicios de matemática, que es lo que a todos les hace falta repasar", sostuvo el menor, que no sólo hace de maestro y director, sino que también se encarga de lavar los guardapolvos que los chicos usan en su escuela.

La historia de Nicanor sirve para reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y, sin duda, invita a creer en un futuro mejor. "Sueño ahora con tener un comedor para poder darles de comer a los chicos que vienen a la escuelita o a los vecinos del barrio que lo necesiten", concluyó.