Por Francisco Nutti
@FranNutti

En tiempos de pandemia, el amor de Leila Peluso (27) por los animales no da tregua. Cada mañana, la joven veterinaria comienza su recorrido en una lancha que se compró tras varios años de esfuerzo y con el único objetivo de visitar y brindar atención médica a las mascotas de las familias del Delta del Paraná, en Tigre.

“Voy casa por casa respondiendo los llamados de los dueños de los animales que necesitan atención. Primero me movilizaba en una lancha colectiva -que se toma como un colectivo de línea- y me bajaba en el muelle de las personas que me solicitaban. En ese entonces, la tarea se me dificultaba porque tenía que variar entre hacer el recorrido rápido o quedarme tres horas en una vivienda a esperar la próxima embarcación”, señaló a Crónica la profesional, quien agregó: “Después me compré un gomón, lo que me permitió agilizar mucho más el tiempo, pero no tenía techo, y los días de frío o lluvia no podía trabajar”.

Los días transcurrieron y, a pesar de las dificultades, Leila no bajó los brazos ni dejó de atender a sus pacientes hasta que, con sacrificio, pudo obtener su “veterinaria móvil”, la primera en la Argentina y en Sudamérica. “Mi amor por los animales nace desde que soy chica. Cuando me recibí de veterinaria, como mi familia tiene casa en el Delta, los vecinos que se enteraron me empezaron a pedir que atienda a sus mascotas. Y fue así que del boca en boca construí mi clientela. Hoy estoy muy feliz por lo que hago y trabajo hasta los días de lluvia, cosa que cuando recién empecé no podía hacer”, agregó.

Según detalló la joven, que completó sus estudios en la Universidad del Salvador (USAL) de Pilar, trabaja de lunes a lunes sin parar: “Algunos domingos los dejo libres, pero casi siempre tengo que salir por algún que otro tema. Mis horarios son de 8 a 19 y, para arrancar el día, me armo la vianda para almorzar mientras viajo, me preparo el mate y salgo. La noche antes me armo el recorrido, veo por qué camino me conviene ir y esa es mi rutina”, detalló y aclaró: “Con la pandemia me aumentó el trabajo, la gente está más en sus casas, cuida más a las mascotas y en general el laburo de los veterinarios se acrecentó. Lo que sí cambió es la relación con las personas. Lo de saludar con un beso ya no está más, algo que extraño”.

Por último, precisó: “Los animales son parte de mi familia, aunque haya que tratarlos como animales y no humanizarlos. Ellos me enseñan día a día los valores que muchas personas no tienen. Realmente son mi mundo. En mi casa tengo un gallinero, ahora me armé un corral, la idea es hacerme una granja y vivir rodeada de animales. Ese es mi sueño, al igual que ir creciendo en mi profesión en el Delta. Brindar más servicios y ofrecer más cosas o armarme una veterinaria que pueda atender las 24 horas”.

Una postal que lo dice todo.