Estuvo 23 días inconsciente y, para sorpresa de los profesionales que lo atendieron, este domingo sólo tiene en mente recuperarse para volver a trabajar. Esta es la historia del mecánico náutico Uriel Doria, quien tiene 40 años y una vasta experiencia en arreglos de embarcaciones.

El 30 de enero, la vida le jugó una muy mala pasada y lo dejó en cama, inconsciente, hasta el 22 de febrero. La explosión del motor de una embarcación que reparaba le quemó el 60 por ciento del cuerpo, lo que le ocasionó el severo daño de sus vías respiratorias.

Uriel este domingo se encuentra en etapa de recuperación y aún le falta mucho para poder volver a trabajar, pero no se da por vencido y se esfuerza día a día para que la espera se acorte. "Desgraciadamente, me acuerdo de todo. A veces me despierta de noche la sensación de la explosión", contó el mecánico, quien detalló el momento en el que sufrió el accidente.

"Saqué un carburador que estaba en estado deplorable. Lo desarmé, le hice todo nuevo, pulí tornillo por tornillo y hasta conseguí pintura original del mismo color", contó. Tras reparar otros componentes, quiso dejar la embarcación en marcha un rato para "controlar la temperatura" pero, al segundo intento de arranque, sintió la explosión. Uriel caracterizó ese momento como "una fogata grande, donde se siente como un viento; el ruido que hace el fuego".

Al verse acorralado y envuelto en llamas, buscó salir por los costados, pero no pudo porque había otras embarcaciones, por lo que se vio obligado a atravesar el fuego y tirarse por la popa. "Antes de hacer eso sentía dolor y veía amarillo. Cuando me tiro al agua y salgo a flote, me sigo quejando del dolor. Me sacaron dos personas", recordó.

Una vez en tierra, lo siguieron mojando con una manguera porque sentía que se "iba". "En un momento les saqué la manguera y me mojaba cuando era necesario, porque me dolía el agua. Por momentos era como una anestesia, pero por otros era lo contrario", detalló el hombre.

En el traslado en ambulancia pidió que lo durmieran por el dolor que sufría y que lo oxigenaran, ya que "estaba agitado y no podía respirar. No me dolía hacerlo, pero era como que me entraba aire sin oxígeno". "Me pusieron algo que me relajó y sólo me acuerdo de que la ambulancia se movía. Cuando me desperté, estaba en terapia", contó.

Los médicos que lo tendieron quedaron perplejos por su mejoría, ya que sufrió quemaduras en más de la mitad de su cuerpo y las posibilidades de sobrevivir eran muy bajas.