Elías, la historia viva de los paraguas
El Rincón de los Abuelos Hace más de 60 años tiene un destacado comercio en Boedo, que es considerada la última paraguería tradicional de Buenos Aires.
Por Francisco Nutti
@frannutti
En tiempos de drones y de redes sociales, Elías Fernández se mantiene al frente de la última paragüería tradicional de Buenos Aires. Los avances de la tecnología y las diferentes crisis que atravesaron el país instaron a jubilar un oficio que caracterizó a la ciudad a principios del siglo XX. Pero con él, no lo lograron.
"Persistencia, dedicación y trabajo" es el lema que parece llevar este artesano, de origen español, que hace dos días cumplió 88 años. Debajo de un toldo bordó, en la esquina de Colombres e Independencia, en Boedo, se lo puede ver todas las mañanas, mientras saluda a los vecinos y abre la puerta de su comercio llamado "Paragüería Víctor", que en 2010 recibió el reconocimiento de "Testimonio vivo de la memoria ciudadana".
Fernández es un hombre de mirada amable, que aún conserva algo de su acento gallego. En 1950 arribó al país en barco desde su Galicia natal, con una valija llena de sueños. Luego de estar tres meses sin trabajo, estuvo cinco años en Papelera Argentina (ubicada en la localidad de Bernal), pero su verdadero amor se le cruzó en 1955, cuando ingresó al "mundo de los paraguas", lugar del cual nunca más se apartó.
La nueva actividad lo llevó a recorrer uno y mil barrios. "Fui por La Plata, Berisso, La Boca, Parque Chacabuco, por todos lados. Caminé y caminé", recuerda. Por ese entonces, conoció a su compañera de vida, Haydée, con quien se casó en 1957. Luego de una bella luna de miel, abrió su primer negocio, inaugurado el 21 de septiembre de ese mismo año y llevó el nombre de quien sería su único hijo, Víctor.
Vaivenes
En sus seis décadas, el comercio acompañó los vaivenes de la economía del país, con épocas de esplendor y otras de total desasosiego. Incluso, durante la última dictadura militar sobrevivió a la competencia de la industria china, que incursionó en Argentina con la venta de paraguas más baratos, pero de menor calidad.
Actualmente, el abuelo artesano trabaja por la mañana (repara los productos) y comparte el amor de su oficio junto a su hijo, quien lo ayuda con la parte comercial. El local, en el que permanecen desde 1979, parece detenido en el tiempo porque mantiene intacta su fachada, de clásicas características porteñas.
"La mayor cantidad de ventas se hace cuando hay tormenta. Si llueve somos millonarios, si no llueve, no nos saludan ni los vecinos. Es un trabajo que depende del tiempo", dice en diálogo con Crónica, Víctor, quien asegura que "el 80 por ciento de los visitantes de hoy en día los encuentran vía Internet", su mejor aliado.
En el comercio/taller, que los Fernández quieren que forme parte de la próxima Noche de los Museos, porque consideran que tienen mercadería de valor histórico para ofrecer, se pueden encontrar diferentes tipos de paraguas. Según los empleados, hay algunos sin vender, que fueron fabricados en Inglaterra en 1960.
Y otros, de tela de Loden, confeccionados artesanalmente en Austria. Exactamente los mismos que los monjes tiroleses crearon en la Edad Media para protegerse de la nieve y que luego fueron introducidos en la nobleza austríaca por el emperador Francisco José I de Austria.

