Niños: los presos más inocentes

En dos prisiones de mujeres en la Provincia de Buenos Aires hay 53 menores "encarcelados" junto con sus madres y hay 27 internas embarazadas.

Por María Helena Ripetta
mripetta@cronica.com.ar

Las cárceles de mujeres cuentan con un pabellón en el que las madres viven con sus hijos menores de 4 años. Se busca que entre los juguetes, las mamaderas, el patio con pasto, los niños se den cuenta lo menos posible de que están encerrados. Pero sobretodo, que durante la lactancia y esos primeros años de vida puedan estar junto a sus mamás. Eso sí, la ley también establece que "al cumplirse la edad fijada en el artículo anterior (4 años), si el progenitor no estuviere en condiciones de hacerse cargo del hijo, la administración penitenciaria dará intervención a la autoridad judicial o administrativa que corresponda". Es decir que si la mamá aún no terminó de cumplir su condena y no hay nadie de la familia que pueda hacerse cargo, se buscará una institución donde el niño esté hasta que su madre recupere la libertad.

En la provincia de Buenos Aires hay 53 niños de hasta 4 años en contexto de encierro en la Unidad 33 Los Hornos y 7 en el anexo femenino de la Unidad 54 Florencio Varela. En las dos cárceles existe un equipo de profesionales, llamado Consejo Asistido, que acompaña y realiza un seguimiento de la madre detenida. Ayuda en la construcción del vínculo entre la madre y el hijo, y supervisa que no se vulnere los derechos del niño.

En la Unidad 54 de funciona una sala de estimulación. Y en la Unidad 33 los chicos asisten a jardines maternales de la zona, por lo que diariamente salen del penal y se vinculan con otros chicos que viven fuera de los muros.

El momento de la separación es difícil tanto para el niño como para la mamá. A los 3 años y medio se empieza a trabajar la externación de ese niño con una vinculación con familiares (familia extendida). Casi no pasa, pero si al llegar a los 4 años no tiene donde ir, interviene el organismo de Niñez y Adolescencia y le da un destino hasta que la mamá quede en libertad

En el caso de que el papá también esté preso, se lo lleva para que lo pueda ver y así no perder el contacto. Con autorización de la mamá, los familiares lo pueden sacar del penal y llevarlo a pasear. El niño está con su madre, pero él está libre.

A partir de los 4 años se considera que no es bueno que el niño siga viviendo en un penal, incluso hay especialistas que consideran que ya es demasiado tiempo. Hay chicos que adoptan el lenguaje "tumbero", se dan cuenta de las rejas y los candados.

Para la vida extramuros del pequeño también se articula esa tarea con la Dirección General de Cultura y Educación para que continúe el tránsito de la educación donde vaya a vivir.

En los penales con niños hay espacios de lectura y juegos para ellos. Se busca que se vinculen con otras realidades que no sea el encierro. A contraturno del Jardín, los chicos tienen actividades organizadas todos los días con el apoyo, entre otros, de la Universidad Nacional de La Plata (realizan un taller denominado La Ronda) y una ONG que tiene un proyecto que se llama "Hagan ruido, niños jugando", contratada por el organismo provincial de Niñez y Adolescencia. Suele haber actividades especiales: visitas de superhéroes, y payamédicos, entre otros, en fechas especiales como el Día del Niño, la Navidad y los festejos de cumpleaños.

Actualmente hay 27 internas embarazadas, que en el momento de dar a luz son trasladadas al hospital de la zona, y cuando, tanto a ella como al recién nacido les dan el alta, regresan al penal.

En general, en estos pabellones hay solidaridad entre las internas para que los niños estén lo mejor posible. Además, es imprescindible mantener la higiene del lugar. Las celdas nunca se cierran con candado por cuestiones de seguridad de los niños. Con cortinas con dibujos, las mamás buscan tapar las rejas. También hay casos de mujeres que están con más de un hijo. Una vez que los niños se van, las madres pasan a los pabellones comunes y ellos pueden visitarlas.

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