Un ciudadano austríaco de 63 años fue arrestado bajo cargos de haber asesinado en su casa a una prostituta eslovaca. Alfred U. fue acusado de matar a la mujer, cortarla en pedazos y arrojar partes de su cuerpo a un lago en donde precisamente un pescador encontró un torso femenino que disparó la investigación policial. 

Alfred salió de prisión tras 32 años porque lo consideraron inofensivo.

El Neusiedl se extiende a ambos lados de la frontera entre Austria y Hungría y allí se encontraron varios miembros dela mujer, incluso la cabeza.

El bote sobre el cual el pescador encontró el torso de la prostituta.

Según el reporte oficial, la policía encontró las entrañas de la prostituta en una pequeña choza situada a orillas del lago Neusiedl, propiedad del acusado, donde este las mantenía en el congelador. Cuando lo confrontaron, dijo que "tenía la intención de probarla en una fecha posterior".

Además, contó a la policía que primero cortó el cuerpo en pedazos con un cuchillo y una sierra en la bañera en su casa en Viena. Luego decidió triturar las entrañas de la mujer, para hacerlas lo suficientemente pequeñas como para caber en su congelador.

En el freezer de la vivienda, Alfred guardó las entrañas de la mujer.

El hombre reveló que luego condujo varias veces en su viejo Mercedes hasta su choza en el lago Neusiedl, donde se deshizo del cuerpo pieza por pieza. Durante la conferencia de prensa, el investigador jefe de la Policía, Harald Brenner, aseveró que Alfred U. trató de "dar una pista falsa" para ocultar su crimen.

Pero cuando los investigadores encontraron rastros de ADN de la mujer y lograron así pruebas contundentes, confesó el asesino su crimen.

Los detalles del ataque.

"No soy una mala persona. Solo quería que las mujeres me amaran. Pero no me trataron bien", aseguró Alfred, quien según la Policía, en 1984 fue encarcelado por atacar a un rival con una barra de hierro, violar a su novia y arrancarle con los dientes un pezón.

La casa del asesino, cercada por la policía.

En su declaración, el acusado contó que conoció a su víctima en una estación ferroviaria de Viena y que la llevó a su casa para tener relaciones sexuales. "Le pedí que fuera amable conmigo, que me besara y acariciara. Ella lo rechazó. La agarré por su pecho, y de repente comenzó a gritar", recordó el hombre. Y detalló el fatal desenlace: "No pude soportar esos gritos, tuve que estrangularla para silenciarla".