Afganistán: entre las promesas de igualdad y los crímenes de odio

Voceros talibanes aseguran que respetarán los derechos las mujeres "en el marco de la ley islámica". La mirada de un analista internacional y la palabra de una médica que residió allí. 

Por Francisco Nutti
@franNutti

El avance talibán en Afganistán generó una gran preocupación en diferentes rincones del planeta, sobre todo porque se desconoce cuál será la situación de las miles de adultas, jóvenes y niñas que habitan ese territorio. "Crónica" dialogó con una médica que vivió un año en aquellas tierras y con un analista internacional, para comprender el motivo por el cual los derechos adquiridos por las mujeres en los últimos años parecieran estar en riesgo. 

"Respetaremos al sexo femenino", prometió en una entrevista con la BBC, Suhail Shaheen, uno de los representantes en las negociaciones de paz, mientras que el portavoz Zabihullah Mujahid, aseguró que las mujeres podrán continuar yendo al colegio y al trabajo. Claro que hay quienes se permitieron desconfiar de estas declaraciones ya que -de acuerdo a lo que se conoce- la ideología fundamentalista y misógina de los talibán carece de credibilidad.

Volver al pasado

Los talibanes gobernaron el país desde 1996 hasta 2001. En aquella época, las mujeres fueron las que más perdieron. No podían salir de sus hogares sin un mahram -tutor masculino- y debían cubrirse el cuerpo de la cabeza a los pies con un burka, entre otras prohibiciones e imposiciones medievales.

En la actualidad, sobre el terreno se está desarrollando una realidad igual de siniestra: las menores están siendo forzadas a contraer matrimonio, las trabajadoras bancarias abandonaron sus trabajos y las casas de las activistas fueron asaltadas en un mensaje claro de que las libertades de los últimos 20 años están llegando a su fin. 

 

"Los talibán dicen que son seminaristas y que estudian la ley islámica, pero hacen una interpretación sesgada y radicalizada de ella. Ni las enseñanzas, ni el Corán, ni la conducta del profeta Mahoma, justifican lo que ellos hacen con las mujeres", señaló en diálogo con "Crónica" el abogado y analista internacional Juan Francisco Venturino, quien destacó que "si alguien piensa distinto creen dentro de su esquema extremista que debe ser eliminado".

Afganistán es una nación en la que conviven y se enfrentan desde hace siglos varias etnias y grupos tribales, algunas de las cuales trascienden las fronteras de este país de Asia Central hacia los estados vecinos, Irán, Pakistán y Turkmenistán. Todas ellas se reconocen musulmanas, una religión que se introdujo en el país en el siglo VII y que, a través de los años, se transformó en hegemónica. La mayoritaria es la pashtún, de tradición guerrera.

Afganistán: entre las promesas de igualdad y los crímenes de odio
Los hospitales de Afganistán carecen de equipamiento.

Como apunta un informe de Amnistía Internacional, históricamente, los talibanes han aplicado políticas duras y discriminatorias contra las mujeres que las han excluido de la vida pública. Cuando gobernaron, les negaron derechos a la educación y el acceso a la atención médica, y su derecho a la libertad de circulación fue severamente restringido. Además, fueron sujetas a duros castigos y desproporcionados incluso para “infracciones” menores. Cualquier desviación de las reglas establecidas por el grupo podría ser sancionada a través de castigo corporal público, o incluso la pena de muerte.

 

"Cuando han matado a una mujer en un juicio de sumario, en realidad fue un crimen de odio disfrazado de un virtual juzgamiento religioso", explicó Venturino, para luego precisar que "cualquiera que haya vivido en Afganistán entre 1996 y el 2001 sabe lo implacables que son los talibanes. Aplican una ley beneficiosa solo para ellos, por lo que es lógico que miles de niñas y jóvenes intenten huir al saber lo que les espera"

La ofensiva talibán se produjo en medio de la retirada de las tropas estadounidenses y extranjeras después de 20 años de operaciones militares que no evitaron el rápido colapso de las fuerzas gubernamentales

En primera persona

Josefina Martorell es la Directora General de Médicos sin fronteras para América del Sur de habla hispana y en 2014 vivió un año en Afganistán, cuando cumplía funciones para el Comité Internacional de la Cruz Roja. "Mi experiencia allá fue súper rica y valiosa. Estuve en dos lugares, un tiempo en el oeste y otro en el este, que son regiones muy diferentes", dijo.

"En la región oeste que es fronteriza a Irán, vive una sociedad mucho más abierta donde se veía a mujeres en las calles y en la oficina, de hecho tuve la suerte de jugar en un equipo de fútbol femenino en un gimnasio a puertas cerradas", destacó. Sin embargo, remarcó que en el este, todo era distinto. "Es una sociedad mucho más conservadora, no tenía colegas mujeres y las pocas que se veían en las calles estaban siempre con el velo que más las tapa", reconoció. 

Afganistán: entre las promesas de igualdad y los crímenes de odio
Las organizaciones no gubernamentales reparten agua a la población.

Consultada por el delicado momento que vive el país, Martorell aclaró: "Las personas que están allí están preocupadas por cómo puede evolucionar la situación. En tanto, nuestros propios trabajadores y trabajadoras han optado por volver a sus puestos laborales. Veremos qué consecuencias tiene en mediano y largo plazo este nuevo gobierno talibán"


"En estos últimos años vimos como las estructuras de salud se encuentran bajo una gran presión. De mayo hasta ahora vimos una escasez de personal y de equipos. Durante los combates que se desarrollaron en los últimos meses recibimos muchos pacientes de guerra en todos los hospitales regionales que tenemos en los distintos lugares del país", concluyó. 

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