Por Alicia Barrios
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Francisco hoy. Atento a los dolores del mundo, tiene por delante el sínodo de la Amazonia, que será una toma de conciencia del cuidado de la casa común que es la Tierra. Así quedó Brasil, que con los incendios del pulmón del mundo nos dejó amenazados a todos los habitantes del planeta. Los ojos están puestos en este evento de octubre en el Vaticano.

En noviembre, del 19 al 26, visitara Tailandia y Japón. Acá, en Argentina, su país, hay todo tipo de especulaciones para que venga. La última que circuló fue una que sostenía que su visita para el cambio de gobierno en diciembre debería ser inminente por la grieta. Quien lo dijo es un ignorante de qué significa ser Papa, no tuvo en cuenta su viaje a Asia y, mucho menos, eso que es fundamental saber: Bergoglio es el obispo de Roma. Nunca va a falta el 8 de diciembre, que es el día de la Virgen, para Navidad ni para Reyes. Habría que hacer un proyecto de ley que multe a quienes dicen mentiras, echan a rodar noticias sin fundamento, confunden. Sería una buena idea para que se callen la boca. Tiene ganas de venir, y muchas.

De hacerlo, sería a fines de 2020, comienzos de 2021. Falta más de un año, en el que sucederán tantísimas cosas. Nadie sabe a ciencia cierta lo difícil que es "mover a un Papa". En secreto se decide el país, luego viaja la logística, seis meses antes de que se anuncie su presencia, a fin de hacer un estudio ambiental para chequear si están dadas las condiciones o no. Luego de esta evaluación, se toman decisiones. Junto a la mesa chica de quienes somos hermanos del padre Jorge, la familia bergogliana, hablando con José María del Corral, presidente de la fundación pontificia Scholas Ocurrentes, coincidíamos respecto de la situación por la cual está pasando la Argentina y en repetir las palabras de Francisco: "Esperanza, unidad, justicia social; basta de recetas: amor por el país y por el pueblo". Suena como una oración. Lo es. Él es un artesano del diálogo. Un profeta. Tiene miles de discípulos que lo siguen y pocos políticos en Argentina. Sería una tarea para el hogar que aprendieran de memoria y pusieran en práctica cada una de estas palabras, con un contenido que atraviesa.

Acá la dirigencia no oye eso que él proclama: el silencio de la escucha para oír al otro. Nada de eso; en estos tiempos, en que hace falta hablar poco para escuchar más e irritar menos, no paran de parlotear. Él alienta a ir para adelante, sanar heridas del pasado, superar prejuicios y divisiones, caminar en la fe y la caridad junto a quienes son más marginados y pobres. El camino no es la espiral de violencia, dejarse absorber por el círculo vicioso de las demandas y las continuas acusaciones mutuas. Tiene frases que son para el día a día: "Los que son muy rigurosos ocultan un problema personal muy grave". Es todo por hoy. Punto y aparte para el poeta de la Biblia, que es ni más ni menos que el argentino más importante de la historia.