Un hallazgo macabro mantiene en vilo a la localidad española de Castro Urdiales, donde una mujer le pidió un favor a otra y le entregó una caja que supuestamente contenía juguetes sexuales, pero ésta al abrirla se encontró con una desagradable situación: la cabeza de su pareja que había desaparecido en abril.

El caso es una verdadera incertidumbre y tuvo lugar tiempo atrás, cuando la presunta autora del crimen le entregó una caja a una vecina en la que había juguetes eróticos que quería esconder de la Guardia Civil local, y su temor era que los agentes podían presentarse en su domicilio para registrarlo en cualquier momento.

La víctima y su presunta asesina.

La vecina tomó la caja y la ocultó en su casa sin hacer preguntas. Allí permaneció olvidada hasta la madrugada del sábado pasado, cuando la mujer decidió abrirla para ver que había en su interior y encontró una cabeza humana en estado de descomposición.

La mujer, que no fue identificada por las autoridades, sufrió una crisis de ansiedad y tuvo que ser atendida por los servicios de emergencias y fue trasladada al centro de salud Cotolino Castro Urdiales. Tras reportar los hechos a la policía, los agentes se desplazaron al edificio, ubicado en la calle Padre Basabe, y arrestaron a la propietaria de la caja, que fue identificada como María del Carmen Merino Gómez (61).

Aunque el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Castro Urdiales levantó secreto de sumario, se sabe que el cráneo fue enviado al Instituto de Medicina Legal de Santander para su análisis.

Los investigadores creen que puede tratarse de parte del cadáver de Jesús María Baranda, un ex banquero de Bilbao (67) reportado como desaparecido desde abril, y que era pareja sentimental de la acusada.

“Desde el primer momento supimos que había algo extraño en su desaparición, sospechamos que algo grave había pasado”, dijo la prima del desaparecido, Begoña Arias, en declaraciones a la cadena de radio española COPE. “Siempre sospechamos que pasaba algo malo, él no se hubiese marchado nunca sin decir nada. Durante meses nos llegaban mensajes desde su móvil pero con un lenguaje que no era suyo. Por eso pedimos que nos mandase mensajes de voz y desde ese momento no volvimos a saber nada más de él”, añadió.

“Pusimos la denuncia. La Guardia Civil se portó fenomenal con nosotros, pero el juez decía que había sido una desaparición voluntaria, hasta que ha saltado la bomba. [...] Le daba un voto de confianza a su pareja, pero mi familia veía que no era buena persona, no les gustaba", explicó Begoña Arias, que reveló que justo después de que ellos pusieran la denuncia, María del Carmen Merino se presentó en comisaría para “poner otra”.

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