Nicolás Maduro no respetó su palabra. Hizo tiempo. Por eso Francisco le respondió: "Lo que se acordó en las reuniones no fue seguido por acciones concretas". En el encuentro que mantuvo  Jorge Bergoglio, hace dos años, con el episcopado venezolano se pusieron a disposición para ofrecer un corredor humanitario.

Desde Roma fue anticipado por Crónica: Maduro dijo que no. Durante un par de días se hizo el distraído, sin responder. Sin duda, el "excelentísimo señor", como se dirigió el Papa a Maduro, eligió a la persona equivocada para manipular. Al líder de la Iglesia Católica no le gusta que le mientan. Eso sí, dejó bien clara "la necesidad de evitar cualquier forma de derramamiento de sangre".

Así respondió al pedido de mediación del "excelentísimo señor". La Santa Sede se agotó en repetidos intentos para "tratar de encontrar una salida a la crisis venezolana". Todas fueron interrumpidas. En el Vaticano no se confirmó ni desmintió, pero sí admitieron que se trataba de una carta privada.

Fiel a sí mismo, Bergoglio, desde su pensamiento, no permite las construcciones que pretenden "acomodar" la realidad a las estructuras ideológicas, distorsionándola. La capacidad de trabajo que tiene el argentino más importante de la historia es interminable.

Este miércoles se esperaba la reducción al estado laical contra el cardenal Theodore McCarrik cuando se comprobaron los abusos a menores. A Francisco no le tiembla la mano para firmar estas decisiones. Esto sucede a menos de una semana del comienzo de la cumbre antipederastia para la cual convocó a las cabezas de los episcopados de todo el mundo, a fin de tratar de dar una respuesta firme y uniforme ante los escándalos de abusos a menores y encubrimiento que golpean la credibilidad de la Iglesia.

El rol de los sacerdotes, autoridades, va a ser entendido como servicio y no como poder. Francisco está revolucionando el clero. Lo dice el Papa, lo dicen sus obispos, esta es la voluntad de Cristo.