La masacre cometida el viernes pasado en las mezquitas de Christchurch, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, desató la furia de los grupos extremistas. En un mensaje publicado en una red social, ISIS prometió vengar a las 50 víctimas de Brenton Tarrant. “La venganza vendrá pronto. Has abierto las puertas del infierno en tu isla”, decía el texto divulgado por el califato, junto a una foto de un fusil, una bandera negra del ISIS y un cinturón suicida con varios mensajes. Además, llamaban a “derramar la sangre de los cruzados” y a “atacar iglesias”.

De esta manera, el Estado Islámico se sumó a la amenaza de Al Qaeda, que anunció que responderá a la “guerra de los cruzados” contra los musulmanes con un “lenguaje de sangre”. Por su parte, Tarrant rechazó a su abogado de oficio, por lo que intentará defenderse solo durante el juicio.

Al hacer el anuncio, el letrado Richard Peters dijo que el atacante no mostró ningún tipo de arrepentimiento y que no le pareció que fuese psicológicamente inestable. El terrorista permanecerá en prisión provisional hasta el 5 de abril, cuando comparecerá hasta la Justicia.

En tanto, el gobierno neozelandés anunció que reformará la ley de armas. “Hay muchos neozelandeses que cuestionan que haya armas semiautomáticas disponibles”, expresó la primera ministra, Jacinda Ardern.