Tras el final de la Primera Guerra Mundial, Alemania quedó sumida en el desempleo, pobreza, desesperanza e inflación, y si todo esto parecía poco para sus habitantes, habría que agregarle la presencia de un salvaje asesino serial de mujeres, se trató de Carl Grossmann, el llamado "Carnicero de Berlín", a quien se le atribuye un número de 50 crímenes.

Nacido en diciembre de 1863 en la ciudad alemana de Neuruppin, poco se sabe de sus primeros años de vida y cómo transcurrió su infancia y adolescencia, sin embargo, se conoció más tarde que a la edad de 20 años ya tuvo una condena de días por mendigar en la calle.

 

En 1896 realizó un acto de zoofilia con una oveja en la ciudad de Mannheim, y un año más tarde agredió de manera sexual a una niña de 12 años en la localidad de Nuremberg, con lo cual adquirió un perfil de personaje degenerado y sádico. En 1899 atacó a dos menores de 4 y 10 años en Bayreuth, y por esto, fue condenado a 15 años de trabajos forzados.

Con el ingreso al siglo XX, Grossmann trabajaba como carnicero, pero también se ganaba la vida mendigando en las calles y frecuentando a prostitutas, las cuales serían sus futuras víctimas. Entre el dinero que obtenía de la carnicería y sus limosnas, el futuro criminal arrendó un departamento en la zona marginal de Berlín, sitios donde se llevarían a cabo algunas muertes.

Carl Grossmann: venta de carne en el tren

Respecto a esto, se desconoce cuando fue el inicio de los asesinatos, aunque muchos creen que tuvieron lugar en plena Primera Guerra Mundial (a la cual no asistió debido a sus antecedentes penales), ya que a pesar de la escasez de comida en el país, Grossmann lograba vender (estación ferroviaria de Silesia) en el mercado negro carne, que se cree pertenecía a las prostitutas que iba matando y cuyos huesos arrojaba al río de la capital alemana.

Esto se potenció cuando abrió un puesto de panchos cerca de la estación, y la teoría de que las víctimas fueron alimento de los transeúntes es casi irrefutable por parte de los investigadores.

Carl Grossmann, una mente perversa (Archivo).

El modus operandi de este asesino era común, ya que invitaba a mujeres sin hogar o prostitutas a su vivienda alquilada, mantenía relaciones con ellas y luego las mataba, descuartizaba y arrojaba sus huesos al río. Esta situación aumentó de manera considerable en 1918, cuando muchos de los restos de mujeres fueron encontrados en el canal Luisenstadt o el embalse de Engelbecken en estado de descomposición.

Para octubre de 1920, momento en que se encontraron los restos de Freida Schubert (33) en el canal de Luisenstadt, los medios comenzaron a seguir con detalle los crímenes del "Carnicero de Berlín" y la brutalidad de sus crímenes.

Más muertes en Berlín

En tanto, la policía alemana intensificó la investigación y todos los caminos condujeron a Grossmann, sin embargo, a la hora de testificar ante ellos, su coartada lo salvó de ir a prisión, por lo que las muertes se intensificaron.

Así pasaron por las manos del asesino serial Johanna Sosnowski (24), Melanie Sommer (21), Elisabeth Barthel (25) y Franziska Schamzkovski (20), quienes murieron a manos de este sujeto y fueron descuartizadas.

La habitación del criminal alemán (Archivo).

Sin embargo, la carrera del criminal culminaría con su última víctima: Marie Nietsche (35) a quien mató a los golpes en su departamento, pero los gritos de la mujer alertaron a la dueña del inmueble, Gertrude Grabowski (66), que alertó a la policía del hecho, y estos al ingresar por la fuerza a la vivienda del asesino se encontraron con un panorama dantesco: Grossmann estaba diseccionando el cuerpo de la víctima, por lo que fue detenido por los agentes del orden.

Además, las investigaciones arrojaron que al menos en el lugar había rastros de otras cuatro personas, que había abusado sexualmente de todas y que su carne fue vendida como de res o cerdo en cercanías de una estación ferroviaria, deshaciéndose de los huesos y partes que no le servían para su negocio en un río cercano.

Carl Grossmann: detención y juicio

Al ser interrogado por la policía, Grossmann admitió haber matado a unas 20 mujeres en el lapso de dos décadas, aunque se estima que esa cifra asciende a las 50, de las cuales hay pocas pruebas e identidades de las víctimas. Como si esto fuera poco, la policía encontró el diario del asesino en el cual detalló algunos de sus crímenes, y no hay que olvidarse del testimonio de los vecinos, quienes si bien nunca vieron algún asesinato, sí argumentaron el olor nauseabundo que a menudo salía del departamento de Grossmann.

El juicio contra Carl Grossmann comenzó en julio de 1922 y tuvo la presencia de varios testigos que fueron complicando la situación del sospechoso, que tres días más tarde fue condenado por varios asesinatos a la pena de muerte.

Carl Grossmann se suicidó en su celda (Archivo).

Las muertes de las mujeres, la presión mediática de la sociedad alemana y el encierro en la prisión de Berlín, hicieron que todo esto pese en la conciencia del asesino serial, quien no aguantó la situación y decidió ahorcarse en su celda el 5 de julio de 1922 mientras esperaba su ejecución. 

POR G.A.

 

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