MONSTRUO

Historias del crimen: ¿Quién fue Cecile Bombeek, la macabra "Hermana Godfrida"?

Antes de convertirse en una asesina serial de ancianos en Bélgica, Marie-Godfrieda Cecile Bombeek se abrazó a la iglesia católica a los 15 años e ingresó a Congregación Apostólica de San José, de la ciudad de Wetteren.

Cuando una persona decide “entregar su vida al señor”, se cree que lo hará en un camino de bondad, ayuda y comprensión al prójimo, sin embargo, algunos casos no fueron de esta manera y culminaron siendo asesinos seriales como el caso de Cecile Bombeek, quien se convirtió en madre superiora de un convento, pero se la culpó de la muerte de al menos tres ancianos (se habla de más de 30) en un geriátrico de Bélgica.

Marie-Godfrieda Cecile Bombeek (conocida luego como "Hermana Godfrida") nació en la ciudad belga de Overmere en 1933, y desde joven abrazó a la iglesia católica, de hecho, a sus 15 años ingresó en la Congregación Apostólica de San José, cerca de Wetteren, en donde vivió en un claustro y pasó a trabajar en el hogar de ancianos de la ciudad.

 

Su hospitalidad y bondad hizo que la hermana Godfrida fuera nombrada Madre Superiora. Representó a su orden durante muchos años en el hospital y en la comunidad en general y mediados de la década del setenta, trabajó como directora de geriatría en un hospital público en Wetteren.

Todo parecía normal hasta ese momento, sin embargo, la conducta de Bombeek cambió después de una operación para extirparle un tumor cerebral y si bien la misma fue un éxito, sus colegas notaron que había comenzado a comportarse de manera extraña poco después de que su recuperación.

Carrera de muertes de Cecile Bombeek

El asunto es que después de su cirugía, a la sacerdotisa le administraron morfina para aliviar su dolor, pero se volvió adicta y se obsesionó con obtener dinero para suministros ilícitos de la droga.

Tras permanecer un largo tiempo en ese puesto, la asesina fue acusada de matar a tres pacientes, debido a las acusaciones de que cada uno de ellos hacía demasiado ruido por la noche, aunque era sospechosa de asesinar a más de 30 residentes de esa instalación entre 1976 y 1978.

 

Además de estos presuntos homicidios, también fue acusada de robar una gran suma de dinero a sus víctimas, así como de presuntos actos repetidos de tortura, arrancar catéteres a los pacientes y otros comportamientos abusivos.

En enero de 1978, tres monjas de la Congregación Apostólica entraron en la comisaría de Wetteren con denuncias sobre la conducta aberrante de la hermana Godfrida como directora de geriatría, además declararon que habían observado a la criminal bebiendo en exceso y aportaron pruebas de que también consumía morfina y cocaína con frecuencia. Las monjas también documentaron casos de castigos corporales abusivos a sus hermanas dentro del convento de la Congregación Apostólica.

En tanto, las monjas revelaron que Bombeek había asesinado a María van der Gunst (87), una mujer que sufría de diabetes y fue asesinada por una sobredosis de insulina que le provocó un grave ataque de hipoglucemia.

Detención y muerte de Cecile Bombeek

Una vez que la mató, la asesina utilizó su dinero y joyas para financiar costosos viajes. Aunque una autopsia no reveló niveles significativamente elevados de insulina en el cuerpo de la señora Van Der Gunst, Bombeek confesó el asesinato, además hizo lo mismo Pieter Diggmann (82) y Leon Maihofer (78), también diabéticos, con sobredosis de insulina similares.

Tras esta situación, la sacerdotisa fue declarada incapaz de enfrentarse a un juicio por demencia y fue internada en una institución psiquiátrica, y murió a los 86 años en 2019 en un centro de atención en la ciudad de Brujas.

POR G.A.

 

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