“Bebí por lo menos tres vasos de agua, algo que manifiestamente me faltaba, y ahora me siento muy bien“, dijo la canciller alemana  Angela Merkel luego de que se la viera temblar con fuerza mientras recibía al presidente de Ucrania,  Vladimir Zelenski, durante su visita de trabajo en Berlín. Merkel, de 65 años, relativizó así la preocupación y las especulaciones que surgieron respecto de su estado de salud una vez que las imágenes se difundieran. 


El incidente se produjo cuando los dos mandatarios escuchaban los himnos nacionales en una tarde calurosa durante los actos oficiales en la Cancillería. Merkel lució vacilante y temblorosa. se estrujó las manos por delante de su cuerpo a la altura de la cintura cuando empezó a escucharse el himno alemán y parecía incapaz de controlar sus temblores. Ambos mandatarios asistieron posteriormente a una conferencia de prensa. 

Si bien la oficina de prensa de Merkel no hizo declaraciones de forma inmediata, una hora más tarde, la mandataria se mostró sonriente y aseguró que ya estaba recuperada. La líder alemana atribuyó a un supuesto problema de deshidratación el temblor, mientras dirigía una sonrisa a Zelenski, quien a su vez apuntó, en tono jovial que había visto a la canciller "muy segura", según indicó la agencia de noticias DPA.


Las imágenes de la canciller bajo el sol, con signos de debilidad física y sujetándose repetidamente las manos para tratar de calmar el temblor, durante aproximadamente medio minuto se convirtieron rápidamente en objeto de comentarios en los medios alemanes, informó por su parte la agencia de noticias EFE.

Un presente complicado

Merkel, quien el próximo 17 de julio cumplirá 65 años, llegó al poder en 2005 y fue reelegida para un cuarto mandato tras las elecciones generales del pasado 2017. En octubre del año pasado, tras una serie de derrotas de su bloque conservador en comicios regionales, anunció que no optará a un nuevo mandato una vez que concluya la presente legislatura, que previsiblemente acabará en 2021, y organizó su relevo como líder de la Unión Demócratacristiana (CDU) tras 18 años al frente del partido.

Concluidos los himnos, Merkel caminó sin problema alguno. Posteriormente adujo que se trataba de un cuadro de deshidratación. 


En diciembre del año pasado fue elegida para la jefatura del partido Annegret Kramp-Karrenbauer, conocida como AKK, leal a la línea de Merkel aunque con un perfil más derechista que ésta. La retirada gradual precipitó los rumores de un final abrupto de la legislatura, aunque hasta ahora Merkel ha insistido, cada vez que se le ha preguntado, que su propósito es agotar su mandato.

Asimismo ha afirmado reiteradamente que, tras retirarse de la Cancillería, no pretenderá asumir ningún otro cargo político, ni a escala alemana o europea. A AKK no la favorecen los sondeos, que la sitúan muy por debajo en cuanto a la valoración ciudadana, ni está suficientemente consolidada como líder del partido.

Desde hace semanas, las encuestas de intención de voto colocan al bloque conservador de Merkel por debajo del partido ecologista Los Verdes, a los que se pronostica se convertirían en primera fuerza en Alemania en caso de celebrarse ahora elecciones anticipadas.

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