El momento es mágico. No dura mucho es verdad, pero quienes tuvieron el placer de vivirlo lo recordarán para toda la vida. Al principio, cuesta distinguir si uno está despierto o dormido. El cuerpo es el primero en accionar, mientras la mente todavía debate si acompaña al esqueleto o si permanece un rato más soñando.

Hay que arrancar despacio y después sí ir subiendo el ritmo poco o poco. Son solo unos segundos en los cuales lo sensorial lo es todo. El tacto toma la delantera, después van apareciendo el olfato, el oído y el gusto, de acuerdo a las circunstancias, hasta darle paso a la vista que, remolona cual infante en tiempos en los que se iba temprano a la escuela, da vueltas y vueltas y suele ser la última en sumarse al 100%.

Pero, y siempre hay un pero, el siempre bien ponderado mañanero deberá seguir en el camino de lo onírico. Sí, queridos corredores. El anuncio fue claro: podrán volver al ruedo, pero solo de noche y respetando las distancias. ¿O en qué estaban pensado? ¿Hay algún otro mañero mejor que una buena corrida matinal? ¿Tienen la idea fija acaso?

Al margen de los malentendidos lógicos en tiempos de aislamiento, el nuevo anuncio efectuado el jueves por la noche en conjunto por el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador bonaerense Axel Kicillof no sólo brindará la posibilidad a los runners porteños de regresar a su gran pasión, sino que además dejó mucha tela para cortar tanto desde lo que se dijo como a partir de lo que se evitó comentar y, por qué no, también desde lo gestual.

No tanto como para que ese análisis se lleve los 21 días de la extensión de una cuarentena que por primera vez pasó de dos a tres semanas para "bajar la ansiedad", según la respuesta del Presidente ante la pregunta de Crónica que inició la tanda de consultas, pero sí para tener ocupados estas primeras horas en las que, a falta del face to face, las repercusiones posteriores se restringen a los medios de comunicación, los charlas telefónicas o los memes que pululan por Internet o en los grupos de WhatsApp.

"Es el final del mundo como lo conocemos y me siento bien", dice la letra del tema del mismo nombre (en inglés obviamente) que R.E.M. editó en 1987 y que este pandémico 2020 volvió a los charts de un mundo apocalíptico. Cambió el mundo, sí. Me siento bien, mmm.

Durante gran parte del anuncio del jueves por la noche se vio a un Alberto desde lo gestual mucho más apagado que en otros oportunidades. Y no parece que haya sido por la tos que por momentos lo tuvo a maltraer o por un cansancio acumulado que de a ratos lo obligó a usar una de sus manos para apoyar su cabeza.

La sensación, y no es más que eso a la distancia y televisión mediante, es que midió cada una de sus intervenciones iniciales para dejar gran parte del protagonismo en sus dos compañeros de mesa. Y eso, y ahora sí no es una sensación, tuvo como única finalidad mostrar que las diferencias públicas de hace unos días quedaron atrás y que ahora más que nunca Capital Federal y provincia de Buenos Aires están alineados en el mismo barco, con el Presidente como capitán de esa nave. 

Si continúa así o habrá nuevos chisporroteos públicos, es algo que hoy en día no se puede saber, salvo que alguno tenga el DeLorean del Doc, viaje y luego nos cuente qué pasará de acá al 28 de junio. Pero bueno, volviendo al presente, lo primero que hizo Fernández fue presentar un video de 1:58 de duración con el que desde el vamos se buscó dejar en claro que el país quedó dividido virtualmente en dos por la pandemia. 

Por un lado está el 15% que se encuentra en estado de transmisión comunitaria. Y, por el otro,  el 85% que logró evitar la propagación del virus. Y en esa Argentina que hoy es dos estuvo y estará el eje de lo que se viene.

Horacio y Axel, para nombrarlos como suele hacerlo el Presidente, fueron usando el mismo tono y aprovecharon, cada uno a su estilo, sus momentos para llenar de datos recolectados en las últimas semanas sendos discursos que los encontraron por momentos mirando de reojo los punteos de sus equipos de trabajo, pero también dándole rienda suelta a la improvisación.

En general todo fluyó por los carriles normales, con ambos funcionarios hablándole a su gente en el más amplio sentido de la palabra, es decir, dejando de lado las limitaciones geográficas, pero sin chicanas.

Lo único que se podría decir que llamó un poco la atención más a extraños que a propios es la cantidad de veces que, siempre con el respeto del caso, el gobernador bonaerense utilizó datos porteños para referirse a lo que estaba ocurriendo en su territorio o a nivel nacional.

Punteo rápido para dejar de lado las formalidades. Alberto anunció que la cuarentena dura en principio 21 días más y no 15 como venía pasando, habló de las diferencias entre el AMBA, Chaco (salvo San Fernando), gran Córdoba,Trelew y algunas ciudades de Río Negro, y el resto de Argentina y dio a conocer una denominación que rápidamente se convirtió en tendencia: Distanciamiento social, es decir, lo medida que reemplazará al Aislamiento social obligatorio en todo del país, salvo en los distritos recientemente mencionados.

¿Qué implica? Que en esas regiones donde se dan ciertas condiciones sanitarias y un sistema de salud adecuado habrá una mayor flexibilización guiada por distintos protocolos que, según las palabras de Alberto, entre otras cuestiones permitirá que “las personas puedan circular, trabajar y realizar sus actividades, siempre que guarden la distancia de dos metros uno respecto del otro”.

Separación que sí existió entre Presidente, gobernador y jefe de Gobierno este jueves aunque, por esas cosas del destino, a diferencia de lo que ocurrió la vez anterior cuando se vio al primer mandatario intercambiando mensajes en su cuaderno con Horacio, esta vez quien estaba unos centímetros más cerca de Alberto era Axel. Una sutileza, ni más ni menos.

Queda un largo camino por delante hasta el 28 y nada asegura que esa sea la fecha final del aislamiento, al menos en el AMBA y en las otras zonas con transmisión comunitaria, como tampoco se descuenta que si suben demasiado los contagios pueda tener que darse una vuelta atrás en los cuidados en algún distrito.

La habilitación de nuevas actividades, tanto productivas como recreativas, era una necesidad innegable. Tanto como que todavía falta mucho más por hacer y que lo que se viene el bendito día que se controle a la pandemia será por demás complicado. 

Mientras tanto, no queda otra. Ponga a su banda o solista favorito en el walkman (¡qué antigüedad!, ¿no?) y a correr que se acaba el mundo y la noche todavía está en pañales.

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