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Cambiemos vive un amanecer del año electoral en modo éxodo jujeño. “El único objetivo es que gane Macri”. 

“La plata de la campaña es exclusiva para lo nacional, en tu provincia no vamos a bajar un peso”, le dijeron a un aspirante a gobernador del riñón del oficialismo nacional. “Hoy, si Mauricio no levanta, podemos perder todo”, razonan desde despachos fuera del ámbito porteño. Como el pueblo jujeño, que evacuó sus ciudades dejando tierra arrasada para el avance realista, el gobierno nacional se muestra dispuesto a canjear todos los sueños para mantener vivo uno. Un único territorio del estratégico TEG al que ponerle todas las fichas. Y resistir. Hasta que el tiempo sea propicio para contrarrestar. Ese momento, analizan, será el segundo semestre.

“Enero, febrero y marzo van a competir contra tres meses bárbaros del 2018. En esos el derrumbe de los números va a seguir. Con un poco de viento a favor, a partir de abril tendremos alguna mejora”, explican con optimismo en los despachos oficiales, mientras miran encuestas que muestran al presidente lejos de ser el favorito a la reelección nacional. “Hoy Mauricio está muy abajo, pero todos estamos encolumnados en la misión de ayudar. Igualmente, la gente no vota pensando en cómo estaba hace tres meses. Si los últimos datos antes de votar muestran que salimos ordenados de la crisis, podemos volver a generar expecativa. Ahí está la clave de la elección”, razonan. El optimismo, incluso, se nutre de datos horrendos. “La medición de la pobreza que se va a difundir el mes que viene va a ser tremenda. Mide los números de junio a diciembre del 2018, la peor parte de todo esto. Lo bueno de eso es que la próxima se va a conocer en septiembre, y esa va a medir el período posterior a la peor parte. No hay manera que los números no sean mejores a los de marzo. Eso nos va a dar una buena noticia un mes antes de votar”, prometen.

Y mientras tanto, el desierto. “Con los gobernadores se puede hablar. Si el peronismo gana Córdoba no importa. Si los radicales quieren ser candidatos en provincias que no vamos a ganar, que vayan”, dicen como un manta para dormir el sueño de un país pintado de amarillo, que tanto entusiasmaba en la Casa Rosada hasta que “pasaron cosas”.

Mientras tanto, “va a ser un año muy largo. De ahí que todo lo que podamos hacer para retrasar el inicio de la campaña es mejor”. Pese a eso, en la provincia descartan el pedido de los intendentes de Cambiemos, que pidieron cambiar la ley nacional para eliminar las Primarias Abiertas Simultaneas Obligatorias (PASO), con el fin de no sufrir un revés en la primera elección nacional. “En 2015 y 2017 las ganó el kirchnerismo. Creo que va a volver a pasar”, agitan el fantasma voces de la gobernación bonaerense, donde Cristina Kirchner se hace fuerte para competir contra un presidente hoy devaluado.

“Confiamos en nuestros intendentes. Con cuatro años de gestión están curtidos para la batalla”, agregan. De los “sin tierra” -aquellos que sueñan con desbancar a un peronista- reconocen que la negativa nacional a desdoblar los comicios complicó seriamente sus chances. Pero también marcan que “dirigentes como Lucas Delfino (será candidato en Hurlingham) o Santiago López Medrano (en San Martín) no necesitan una guía. Pueden trabajar políticamente y ser fuertes. Todo va a sumar para que Mauricio muestre mejores números”, auguran.

Hasta que los números (verdadero árbitro de las presidenciales) puedan volver a ser un tema para los candidatos del oficialismo, “todo suma. Si quieren hablar de corrupción, perfecto. Si quieren hablar de aborto, de narcotráfico, de institucionalidad... Son todas banderas que podemos levantar y nos reconoce la sociedad. Hasta el tema de Venezuela nos puede dar una mano. Pero si en octubre no hay expectativa de mejora económica...”. Mientras tanto, apelar al juego conocido, que ya dio resultados. Ventilar números y datos pesimistas, para llegar a las urnas sabiendo que los votos van a ser mayores que la expectativa, y poder vender un triunfo aunque no se lo tenga.