Argentina, levántate y camina. La misa de ayer en la Basílica de Luján estuvo impregnada de Francisco. En cada gesto se sintió su presencia. Monseñor Jorge Eduardo Scheinig, es un bergogliano de pura cepa, vivió en la Catedral y acompañó al entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, en su última celebración del jueves Santo en la Villa 1-11-14 adonde se hizo el lavatorio de pies en un hogar de adictos.

Fue un placer regresar con los dos y la hermana Leonor, después de la misa en la que un Bergoglio locuaz, compartía (le encantaba) la experiencia que acababa de vivir con sus interlocutores. Tiempo después, el obispo Scheinig, de pie y frente los fieles entre quienes estaban los dos presidentes, dijo: "Cuánto bien nos haría conocer el pensamiento del papa Francisco de manera directa y no por quienes parcializan o desfiguran su mensaje".

Él no sólo lo sabe de memoria sino que lo transmite hasta con las mismas palabras. También monseñor Oscar Ojea, quien fue ordenado por Bergoglio, concelebró con la calidez que lo caracteriza. Él abre los brazos, los extiende, habla y todos se sienten abrazados. Hombres de Dios. Fueron instrumentos de la milagrosa Virgen de Luján, en ese santuario sucedió ese milagro: reconciliación, respeto, necesidad de ponerle fin a la grieta que tanto daño nos hizo.

Los promesantes, que caminan 60 kilómetros de fe, no van a desmentir esto. En cada oportunidad que Bergoglio acompañaba en Lujan, le entregaba la Argentina a la Virgen. Rezar por la Patria como hicieron en el día de la Inmaculada ayer, es sanador. No había debate, pelea, agresiones.

Monseñor Scheinig como Oscar Ojea, parecían puestos por el Espiritu Santo, a disposición de la Virgen para amasar la unidad del pueblo argentino con tantas almas que acompañaban la misión. Así se siembra la palabra y la voluntad de Dios. Viva el Papa. Viva la Patria.