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Algunos empresarios presos por evasión impositiva mientras otros, no menos evasores, aprovechan la indiferencia, cuando no el favor de las autoridades, para seguir evadiendo y fugando capitales, nos revelan un funesto "déja vu". ¿Dónde lo hemos visto antes? En lo peor de todos los gobiernos, del 83 para acá.

Algunas empresas dañadas por la competencia foránea, mientras otras recaudan insólitas ganancias prestando servicios de informática al Estado, demuestran que el capitalismo de amigos (y parientes, hasta hace poco) está más vigente que nunca. Entre las empresas protegidas por el gobierno destaca una líder del comercio electrónico, con apreciable deuda impositiva.

Es uno de los "unicornios" (como les llaman a las compañías emergentes del rubro) favoritos de "Su majestad", que sueña con la Argentina de 2090, sin pobres, todos conectados, libres ya de la incómoda costumbre de comprar zapatos en las zapaterías, ropa en las tiendas y pintura en las pinturerías.

"Su majestad" es vulnerable a la fascinación por las nuevas tecnologías. Un poco por su profesión, otro por la simpatía que inspira a ese sector el Estado amarillo, gran consumidor de sus novedades. Si bien se espera de éstas que ayuden a mejorar la administración pública, lo cierto es que la meta prioritaria, aquí, es despedir a gente para reemplazarla por computadoras.

El Ministerio de Justicia de la Nación, por ejemplo, adoptó el sistema digital para asignar turnos al público. El año pasado, tuve que hacer un trámite en una dirección de esa cartera, en Moreno al 1200. La compu me dio un turno. El día indicado, encontré la oficina cerrada: era el Día del Empleado Público. Pedí una explicación por teléfono. "Venga sin turno", me dijeron.

Fui y le conté a un empleado del chasco del día anterior. "Es que el programa no registra esas fechas -me explicó-. A algunos les da turno en domingo..." No se culpe a la tecnología. En el apuro por abrochar negocios, detalles como ése son cosa corriente. Las redes sociales, las encuestas, los paraísos fiscales y los trolls son el "diario de Yrigoyen" de "Su majestad".

Subido a un globo amarillo, su mirada luce absorbida por un remoto objetivo, entre la inteligencia artificial y los autos eléctricos. Mientras, acá abajo, su "unicornio azul", como el de la canción de Silvio Rodríguez, anda a tientas en el laberinto de las torpes fantasías.