Por Jorge Cicuttin

Se dice que en los momentos críticos aparece lo mejor y lo peor de los seres humanos. En ese preciso instante es donde nos mostramos como real y profundamente somos. Nuestras prioridades en la vida, la consideración del otro, los rasgos egoístas, los nobles, los temores, muchas de las actitudes que se disfrazan o se mantienen escondidas en nuestra vida diaria.

Y no solo estas actitudes que asoman a la luz son individuales, también dan una muestra de los comportamientos y prioridades de las distintas sociedades.

Por eso era de esperarse que con la llegada y expansión del coronavirus en los Estados Unidos, se haya duplicado en ese país la venta de armas de fuego. En una sociedad violenta y en la que se hace alarde de la utilización de armas, mucha gente intentó acapararlas para defenderse a los tiros si se produce un estallido social.

Y así hubo grandes colas para comprar papel higiénico, alimentos, barbijos y armas de fuego. Cosa de mantener al otro bien lejos.

En la Argentina se pueden escuchar aplausos todas las noches a las 21, como forma de homenajear y dar apoyo al personal de salud que forma la primera línea de contención ante el Covid-19. Nos emocionamos, incluso algunos ponen el himno nacional a todo volumen.

Pero también están los argentinos que ponen carteles en los edificios "escrachando" y pidiendo que se vayan a médicos y enfermeras que están viviendo allí. Que son sus vecinos. Está bien que curen a los infectados, pero bien lejos de ellos. De los "sanos".

También están los que insultan o miran con desconfianza a cualquiera con rasgos orientales que se crucen en el camino.

Están los policías que se arriesgan en medio de la pandemia para hacer que se cumpla el aislamiento. Pero algunos de ellos se abusan, golpean y hasta enjaulan a quienes no cumplen con las medidas. Claro, la "valentía" de estos policías solo se da en las barriadas humildes, jamás se animarían a hacerlo en zonas pudientes, donde el abusado tarda minutos en conseguir un abogado.

En un barrio de Córdoba capital se conoció este viernes el caso de una familia amenazada por sus vecinos desde que uno de los integrantes del hogar fue llevado al hospital por una úlcera. En el barrio empezó a circular el falso rumor de que estaba infectado de coronavirus, y allí comenzó su calvario que incluyó la amenaza "no se duerman que hoy los prendemos fuego".

¿Reaccionamos todos así? Por supuesto que no. Hasta podríamos decir que son una minoría. Pero existen, y no podemos esconderlos ni negarlos cuando hablamos del "pueblo solidario".

El virus, como otras crisis, puede mostrarnos el lado oscuro de la sociedad. Es cuestión de estar atentos.

 

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