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El nombre de Adolfo Rubinstein saltó, en las últimas horas, a las primeras planas. ¿El motivo? El protocolo sobre el aborto publicado en el Boletín Oficial el pasado miércoles. Y él, como secretario de Salud, puso la firma. Pero la resolución esconde las internas que en Cambiemos aterrizaron desde el día uno.

Un breve repaso del partido gobernante invita a recordar sus orígenes. La fusión del PRO (el cual llevó a Mauricio Macri a lo más alto de la ciudad), la Coalición Cívica y la UCR engendró a Cambiemos, que tiene en el Presidente a su líder máximo. Naturalmente, las divisiones, más en política, están en constante puja. Rubinstein sirvió como ejemplo práctico.

El miércoles, luego de la publicación en el Boletín Oficial, el mismo oficialismo criticó la decisión del secretario, a quien acusaron de "mandarse solo", versión poco creíble. Federico Pinedo fue quien públicamente escribió que "el secretario de Salud de la Nación no puede pasar por encima de un debate de seis meses del Congreso nacional y legislar por sí mismo, contradiciendo normas de rango constitucional". Carolina Stanley y Alejandro Finocchiaro se sumaron a las críticas. Las cartas se tiraron sobre la mesa.

Del otro lado, el guante fue recogido por los radicales. Desde el histórico partido respaldaron a Rubinstein, ya que el protocolo "está dentro de lo establecido en nuestro Código Penal desde el año 1921 y reconocido en el fallo FAL. Valoramos el compromiso por la salud pública y el trabajo realizado" por el secretario de Salud. Al tuit de la UCR se le sumaron distintas voces partidarias.

Pero el foco no es el funcionario. El foco es la disputa por el mando. Y, a medida que se acerca el 10 de diciembre, el llamado "fuego amigo" arde más. El 11 de agosto -tras una derrota de Juntos por el Cambio que parecía no tener vuelta atrás- significó la apertura de esa puerta que contenía las críticas internas. Lo que parecía homogéneo no era más que un simple espejismo. Se cayó la máscara y mostró el rostro ambicioso de ir detrás del 40%, codiciable número.

Por eso, en esta historia, Rubinstein es un nombre que tiene como apellido al poder.

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