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@javiercarrodani 

Es frecuente escuchar la frase según la cual "opinar con el diario del lunes es muy fácil". Sin embargo, ante los aumentos en los precios de los combustibles desde que el gobierno nacional dispuso la liberación del mercado (17% en los últimos cinco meses), no sería de extrañar que más de uno del gobierno esté lamentando esa decisión.

Seguramente no será el caso del ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, ya que es conocida su postura a favor de los precios libres desde sus tiempos de alto ejecutivo de la filial argentina de la petrolera Shell. Para él, como para la gran mayoría de los funcionarios que militan en el PRO, lo recomendable es propiciar la menor intervención posible del Estado en los mercados.

No obstante, tanto en el Ministerio de Hacienda como en el Banco Central sí seguramente se recibe con preocupación la noticia de cada incremento de precios en los combustibles líquidos, más allá de que, por la alta carga impositiva que hay en esos productos, la recaudación fiscal se vea beneficiada.

Es que, según coinciden distintas consultoras que siguen la evolución de los índices económicos, cada 5 puntos porcentuales que sube el valor de las naftas y del gasoil, el impacto en el índice general de inflación es del 1 por ciento. La explicación -muy simplificada- de este fenómeno estadístico es que todo aumento de combustible inmediatamente encarece el costo del transporte de mercaderías. En general, ese encarecimiento luego se traslada a los precios de los productos.

Volviendo al tema de los combustibles, hay que señalar que sus precios toman como referencia el valor internacional del petróleo crudo, cuya medida es el barril -aproximadamente 159 litros- y que, como toda mercadería global, se cotiza en dólares. Es decir que un aumento o una baja sensible del crudo debe impactar en igual sentido a las naftas y el gasoil.

Pero también hay otro condicionante para el mercado argentino: cada vez que el dólar aumenta en el tipo de cambio con el peso, también empuja hacia arriba el precio de los combustibles, como ocurrió con los aumentos de la última semana. En conclusión, el riesgo de exponerse a variables sobre las que no hay control posible es muy alto.