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Un destino hostil. Hay razones puntuales: la Iglesia y la sociedad chilena cumplen un rol fundamental. Parte de la jerarquía eclesiástica es heredera de la Iglesia que sostuvo en el poder a Augusto Pinochet. La sociedad está más fragmentada que la nuestra. A diferencia de la Argentina, la derecha salvaje no fue sepultada.

El pinochetismo tuvo influencia directa en la Iglesia. No olvidemos que durante todo el periodo del gobierno militar el nuncio fue Angelo Sodano, quien, ni más ni menos, es uno de los orgullosos fundadores de la mafia en el Vaticano. Esa misma logia de delincuentes con sotana es la que hoy combate Francisco.

Si fuera por el cardenal Sodano, nuestro querido Jorge Bergoglio tendría que estar muerto. A los 90 años, don Angelo Sodano está en Roma, lúcido, vivito y coleando. La Iglesia chilena es ahijada dilecta de este capo mafia. Los atentados a las seis iglesias, la toma de la Nunciatura, los abusos, el debate por los gastos de la visita, son vectores de una campaña que intenta licuar la estadia de Su Santidad.

Se trata de intentar por todos los medios que su mensaje no deje huellas. No quieren que nadie oiga su voz en favor de una mayor igualdad, reconocimiento de los derechos de los indígenas y solidaridad con los migrantes. La diferencia con la sociedad chilena es que acá, la mayoría peronista, más allá de la corrupción, nos guste o no, es católica. Creyente. Cualquier tipo de crítica en Argentina va a diluirse cuando anuncie que viene.

La pedofilia jamás fue sancionada por los obispos y cardenales hasta que llegó ese hombre de Dios que es Benedicto. Así también pagó el costo con su renuncia. Honesto. Llevó adelante esa titánica tarea hasta que no pudo más. Francisco tiene tolerancia cero con los abusos.

Es un líder que los denuncia, los manda presos, les da pelea. Es una de sus banderas. Antes de su llegada, se reúnen las causas de pedofilia durante los últimos 40 años para enrostrárselas a él. Tampoco es cierto que exista una red de terroristas mapuches. Falso. La inventan para entorpecer el encuentro de Bergoglio con el pueblo de Dios. Mala entraña.

Francisco va a encontrarse con una Iglesia que se olvidó del Evangelio y de Jesús. De espaldas a los pobres. Hay 20.000 cristianos que duermen en las calles de Santiago. Otros 220.000 en situación de pobreza. En este mapa, hay exclusión en el pueblo mapuche. Miles que están fuera de la educación, de la salud. A ellos los va a abrazar con su misericordia nuestro querido Papa. Ante la mirada pavorosa de una Iglesia que traicionó el Evangelio.

La gloria de Dios no es de los creyentes que dicen 30 veces gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo, sino de los que hacen servicio y acompañan a los pobres a exiliarse de la pobreza.