Los de afuera son de palo pero a veces los reciben
Elecciones en Córdoba. Opinión, por Luis Autalán.
@LuisAutalan
A la hora de escribir sobre política “conviene tener en cuenta que uno dialoga con una tía”, es consejo de sabia plumas de este oficio y no se trata de descalificar a lector. En uso de datos y no opinión mi tía Nelly tiene 80 y tantos años, siempre vivió en la Argentina, lo cual amerita un doctorado amplio. Desde los apuntes de las urnas cordobesas resaltamos que el gobernador Juan Schiaretti a la hora de emitir su voto advirtió que en dicha elección “los de afuera” serían “de palo”.
Cita futbolera que remonta al capitán uruguayo Obdulio Varela a la hora de enfrentar a Brasil en el Maracaná para la final del Mundo en 1950. Hasta Nelly recuerda y destaca que Varela apuntó a las 100.000 personas que harían vibrar el cemento de las tribunas por Brasil en esa tarde de la epopeya uruguaya. Schiaretti dijo lo que dijo antes de refrendar una gran victoria electoral, con los ojos del país puestos en esa puja cordobesa. La cual entre logros concretos y para la galería ya acreditó el pedido de disculpas público de Elisa Carrió “por alguna metida de pata”, el recuerdo de que Córdoba pagó su deuda hasta en 2001, las reacciones de los mercados, el dilema de cómo influye o no el libro, el perfume, el silencio o algúna mueca de Cristina Fernández, lo malo de la grieta, la proyección hacia octubre y siguen firmas.
A esta hora donde los números le asignan un triunfo por encima del 50% al gobernador mediterráneo también se recuerda a Córdoba como escenario clave para el triunfo de Cambiemos a nivel nacional en 2015. Y desde ya se inflará el pecho del “schiarettismo” al sostener por razones de tierra propia y orgullo comprensible que esa provincia está marcando señales claras a propios y extraños.
Tolerancia, convivencia democrática, hidalguía, se suman en este u otro orden para semblantear razones que proclaman los vencedores. Revisionismo corto para resaltar que ese gobernador también fue crítico de Cristina cuando ella estaba al mando del país, cuestión que revela no sólo los códigos de barrio acerca de debatir ante los poderosos en la hora de su mandato y no cuando les toca volver al llano.
Schiaretti, sin levantar el tono, les dejó un más que enorme problema a los derrotados. Ellos que tras algún reflejo protocolar, saludaran al triunfante y en vidalita de lamentos expusieran con fastidio que “la gente no ve lo importante de hacer lo que hay que hacer”, como reproche claro, de un abanico en melodía de “Ñañaña”. No faltó quien, echando voz y manos a una especie de magia, adosara una virtual estrategia de Mauricio Macri para jugar de modo invisible a favor de los triunfantes en desmedro de sus aliados, sabe a mucho deslizaría mi tía Nelly.
Para señalarme con el dedo un dicho de Schiaretti en el palco del triunfo: “No habrá república en la Argentina sin el peronismo”. Si en la cita está incluída Unidad Ciudadana, el kirchnerismo u otras variantes es otro capítulo.

