Los que marchan y hacen ruido

Por Jorge Cicuttin

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Jorge Cicuttin

@jorgecicu

Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos varios en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán, según la idea primaria, todos los viernes por la noche. El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.

La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. ¿Qué se espera de estas marchas? La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste. “El que no llora no mama”, nos advierte el “Cambalache” de Enrique Discépolo.

Las protestas pueden continuar, con mayor o menor presencia en las esquinas de la ciudad, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. Ante la falta de resultados. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos de manera intolerable. Los “chalecos amarillos” franceses siguen protestando con fuerza todos los sábados en las calles de París y en otras importantes ciudades de Francia.

Allí se mezclan distintos reclamos y diferentes vertientes ideológicas, desde la extrema derecha hasta la izquierda. ¿Tiene futuro un “rejunte” semejante? Nadie lo puede anticipar. Lo mismo ocurre con las protestas, las marchas y los ruidazos argentinos. ¿Continuarán? ¿Sumarán más personas? ¿Influirán en las elecciones? También son preguntas difíciles de responder. Por ahora, el ruido sigue.

Jorge Cicuttin
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