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La aparición de un cadáver en el río Chubut fue la noticia del día. De gran impacto, porque fue hallado a 300 metros de donde Gendarmería reprimió a los mapuches aquel 1º de agosto. Todas las informaciones coinciden en que sería el cuerpo de Santiago Maldonado.

Sin confirmación oficial al cierre de la jornada del martes, pese a los fuertes indicios y los febriles rumores que se sucedieron durante toda la jornada, el pensamiento inmediato del ciudadano común no pudo soslayar el hecho de que se produjera a sólo 5 días de las elecciones legislativas.

Mucho se habló acerca de cuánto podría afectar al desempeño electoral del gobierno una posible aparición sin vida del artesano. Y, en el círculo presidencial, aseguraron y aseguran que nada alterará la marcha iniciada en las PASO, donde Cambiemos obtuvo resonantes triunfos.

El caso Maldonado estuvo atravesado desde un comienzo por la política. Y cuando es así, de un lado o del otro, se especula sobre el rédito que podría dar el desenlace para las fuerzas en pugna.

A nadie le escapa el dato de que las muertes de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki por la represión policial en junio de 2002 determinaron el fin del mandato del entonces presidente, no elegido en las urnas, Eduardo Duhalde. Lo mismo ocurrió en España, tras el atentado de Atocha, en Madrid, que le hizo perder las elecciones al Partido Popular de José María Aznar.

Un desaparecido, otra represión y la política, siempre la política, con sus aristas miserables, en el medio.