Buscar en el fondo del cajón esas medias que estaban olvidadas. Probarse dos o tres camisetas distintas tratando de que al menos alguna de ellas se adapte mágicamente a las nuevas dimensiones corporales. Hacer algo parecido con el short. Sacarle la pelusa juntada debajo de la cama a los botines. Sentir nuevamente la magia. ¡Volvió el futbol amigos!

Volvió el fútbol de amigos. Oficialmente hablando, claro está, porque hubo regresos en off a lo largo y a lo ancho de nuestro país desde el día 1 de la pandemia. Pero en Capital y Gran Buenos Aires son horas de distanciamiento social obligatorio y de un lento regreso de muchas actividades que antes del 20 de marzo eran consideradas habituales para muchos de los mortales.

El regreso del fútbol 5 va mucho más allá de la importancia del disfrute y de las relaciones sociales en esto que llamamos vida. Es también un caso concreto y bien palpable de empresarios que se fundieron luego de tantos meses de cierre obligado y de trabajadores informales o apenas formales que se quedaron en la calle. Porque volvió el fútbol 5, pero no volvieron todas las canchas de fútbol 5 ni todos los que jugaban al fútbol 5

Y haciendo referencia a las calles. Ni siquiera hace falta salir a cualquier vereda porteña o del Conurbano para notar que la pobreza está acá, a la vuelta de la esquina. El simple ejercicio de contabilizar cuántas veces sonaba el timbre y era gente pidiendo ropa o comida antes de la pandemia y cuántas suena ahora, da una muestra concreta de que día a día más personas la están pasando realmente mal.

Afuera de la burbuja protectora y a la vez asfixiante del hogar la imagen es similar. Esos mismos que tocan en vano timbres y timbres recorren las veredas del AMBA con sus hijos y sus carros, parando ante cada tacho de basura para tratar de llevarse el preciado tesoro que otros desecharon.  

Los últimos números que dio a conocer el Indec y que ya tienen algunas semanas, hacen referencia al primer semestre del año y van en el mismo tono: el índice de pobreza se ubicó en 40,9% y el de indigencia, en el 10,5%. Es decir, la pandemia terminó de agudizar un problema de base que hoy parece muy difícil de resolver en el mediano plazo en Argentina

Los que siempre estuvieron mal, los nuevos pobres y los que en poco tiempo van a comenzar a serlo a partir de acumular deudas, miran lo que queda de 2020 y el inicio del año próximo con ansias de que el tan mentado DISPO venga de la mano con la reactivación laboral y, por consiguiente, económica

Por lo pronto, lo que ya es sabido es que se irán para arriba los servicios, las prepagas y los alquileres, entre otras variables que la cuarentena había dejado por decreto con el precio en stand by. El panorama es por demás complejo. Más allá que el Estado tenga la máquina de hacer billetes, usarla a diestra y siniestra es un arma de doble filo porque le termina quitando valor a esos papelitos de colores que produce.

Con la misión del FMI nuevamente en estas pampas, una de las miradas que trascendió del ojo ajeno de los técnicos del Fondo Monetario Internacional es su preocupación por el exceso de pesos y la emisión de bonos en dólares. La brecha cambiaria sigue siendo hoy un signo de alerta en los pasillos del Ministerio de Economía. 

El Primer Mundo, en tanto, está preocupado por la nueva ola de la pandemia y las farmacéuticas parecen estar haciendo lo imposible para ganarle al tiempo sin pasarse de la raya a la hora de sacar sus vacunas contra el coronavirus. Mientras tanto, en Argentina se respiran otros aires en este cálido noviembre.

Principalmente porque en gran parte del país se puede volver a salir libremente a las calles, barbijo mediante. El cambio más palpable de este viernes es que ya es posible viajar nuevamente parado en colectivos y trenes del AMBA. Un pequeño detalle que hace de la vida eso que recordábamos como vida. 

Pero lo que queda por delante, para el Gobierno y la sociedad en general, tiene poco de sencillo. Por un lado, seguir cuidándose mientras se espera que las vacunas contra el coronavirus estén lo antes posible al alcance de todos, o al menos de la mayoría. Y por el otro, aguardar que la otra inyección, la económica, también llegue más pronto que tarde para que la nueva normalidad no venga con todavía más deudas de todos los colores y sabores. 

Por N.K.

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