Más allá de la hiperinflación, generada por las grandes corporaciones multinacionales. Más allá de las leyes de Punto final y Obediencia Debida provocadas por los levantamientos militares golpistas carapintadas. Más allá de la crisis monetaria y de desabastecimiento ocasionado por los actores de la realidad especulativa del país.

Más allá de este cúmulo de lamentables circunstancias que atentaron, no solamente contra una determinada administración, sino contra la integridad de un país todo, el gobierno de Raúl Alfonsín fue leal a sus inveteradas convicciones. Y nos referimos, puntualmente, a la búsqueda del Estado de bienestar.

El ex presidente argentino siempre, absolutamente siempre, planteó el rol del Estado en las políticas públicas. Es decir, el aporte del Estado en el terreno social y la ayuda insoslayable hacia los sectores más necesitados. También, siempre, enarboló como derecho inalienable la protección laboral mediante el funcionamiento de leyes y convenios colectivos de trabajo, tan en la picota en la actualidad ante el ataque que vienen sosteniendo radicalizados sectores de la derecha económica a favor de su tan anhelada flexibilización laboral.

Durante una charla mantenida después de su gobierno con un grupo de periodistas entre los que se encontraba quién suscribe estas líneas, Alfonsín subrayó una y otra vez: “Si nosotros (por los políticos, la democracia, el Estado) no cumplimos con las obligaciones de asistir a los que menos tienen, ¿quién va a construir escuelas y hospitales públicos? ¿El mercado? Si nosotros no asistimos en la búsqueda de brindar protección al trabajador, apoyar políticas de investigación sanitaria y que los remedios puedan llegar a todo el mundo. ¿Quién lo va a llevar adelante? ¿El mercado?".

En consecuencia, la gran lección que brindó Alfonsín, no tenemos dudas, por más que nos quieran meter en la cabeza que forman parte de un pasado lejano, está más vigente que nunca. En este sentido, me permito sugerir la visión de Charles Chaplin de su anticipatorio e inolvidable filme “Tiempos modernos” (1936).

Un ejercicio fílmico que nos puede ayudar a comprender lo que ya hemos transitado como lamentable experiencia en los “venturosos” años 90. Una gran lección, también, para la actual dirigencia del partido centenario.