A correr. Se largó la maratón de los rosarios. La idea fue de Francisco e inauguró, con el fuego sagrado, el desafío para terminar con la pandemia.

Fue ante la virgen del Socorro en el Vaticano, el 1º de mayo, aniversario de San José Obrero, que en Italia se celebra como el Día del Padre. El mundo cristiano lo acompañó rezando junto con él. Jorge Bergoglio es poderoso cuando reza. Desde que es jesuita, a diferencia de la mayoría, lo reza entero, veinte misterios a diario, no cinco como la mayoría.

Rosario viene del latín medieval "rosarium". Se llaman misterios gozosos, dolorosos, luminosos y gloriosos. Las cuentas del rosario son 150 ave marías que cada diez se intercalan con una cuenta que las separa para repetir el gloria, el padre nuestro y gloria.

En 30 santuarios de todo el mundo se dirigirá la oración. En la Argentina será el 8 de mayo desde el Santuario de la Virgen de Luján a las 13 horas. Si de algo pueden dejar constancia quienes lo conocen, es que el padre Jorge, desde toda su vida sacerdotal, tuvo llegada directa a la virgen María. Cualquiera sea su advocación, él le ofrenda flores, la alaba con rezos y ella, como buena madre, no le falla nunca.

Hay una esperanza infinita, trasciende las fronteras, puesta en este gesto de su Santidad que tuvo un éxito de convocatoria en redes y templos inesperado. La virgen en los santuarios elegidos para trasmitir el rezo del rosario son un ícono de la piedad popular, que para él es un precioso tesoro de la Iglesia católica. Se trata de una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos.

Francisco es un líder y militante a la vez de la piedad popular por el modo de vivir la fe y su estilo de ser misionero. Él también es un Papa peregrino que camina, desde que es cura, con todos a los santuarios. Es un hombre que con estos gestos espontáneos, viscerales, creativos de llamar a todos los habitantes del planeta a una misma hora, a rezar por el fin de la pandemia, no busca juzgar sino amar. Conoce de manos que se aferran con fe a las cuentas del rosario, para enfrentar la adversidad, en la carga derramada ante una vela que se enciende en cada hogar para pedir ayuda a María o las miradas de amor entrañable al Cristo Crucificado. Es la fe arraigada en el corazón de los pueblos para entrar en la vida cotidiana.

Otro ejemplo son las procesiones. Es ahí donde se ve a flor de piel cuando los santos vienen marchando. El 31 de mayo, Bergoglio, cerrará este ciclo en directo desde los jardines del Vaticano, en el centro de las 22 hectáreas pobladas de una flora histórica y de fuentes de las que se puede tomar agua en el hueco de la mano. Que sea para bien.

Por A.B.