"¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad...". Sin la discusión filosófica de qué es mentira y qué es verdad y obviando establecer como eje cuánto aporta la subjetividad de cada uno en esa mirada, hay situaciones que brindan mucho más para el análisis cuando la lectura deja de ser simple y llana.

Ponerse en el lugar del otro, algo no tan sencillo como suena, es el primer paso en esa comprensión. Evitar la descalificación de quien piensa diferente bien podría ser el segundo. Lograrlo en tiempos en los que la agresividad y la intolerancia parecen casi tan contagiosos como el coronavirus, claramente es un plus. 

La noticia se difundió hace apenas unos días, como se dan a conocer las situaciones que generan interés público en los tiempos modernos: a través de la viralización de un video en las redes sociales. Ocurrió en Rosario y tuvo como protagonistas a Sofía, una joven de 22 años, y a Gustavo, un hombre de 53 años. Ella, pasajera ocasional de un taxi en un viaje de madrugada. Él, el chofer del vehículo en cuestión. 

Llorando desconsolada frente a la cámara, el relato de la chica en Instagram estremece. Se la nota indefensa, no sabiendo bien qué hacer ante lo que en su cabeza estaba por ser un intento real de secuestro que la tenía como víctima. 

"Para que ninguna otra piba más lo viva", explicaba a medida que contaba como esa conversación por WhatsApp entre el taxista y otro hombre no parecía ser un intercambio de ingredientes en el pedido de una comida, sino palabras en clave para ir preparando el terreno hacia el dolor irremediable.  

Con la angustia a flor de piel, luego expresó que simuló una conversación con una amiga y que, cuando el taxi paró en un semáforo, ella decidió bajarse antes de tiempo y cruzó la calle en búsqueda de ayuda. A la denuncia virtual le sumó una presentación real ante Centro de Denuncia Territorial de Rosario y otra en el Ministerio Público de la Acusación. 

A diferencia de otros casos, en los que el presunto culpable y su entorno deciden esconderse de los medios, aquí tanto Gustavo como su hija salieron rápidamente a hablar del tema. Cada uno desde su lugar, obviamente. 

El taxista primero intentó dejar en claro que la pizza, el "Carlito" y la medialuna con jamón  y queso a la que hacían referencia en los diálogos eran ni más ni menos que eso, que el destinatario de los audios era su hijo y que una vez que Sofía se bajó intempestivamente de su auto, él fue directo a comprar la cena de la que venían hablando.

También se presentó ante la Justicia y como prueba compartió los mensajes que había enviado y recibido esa noche en su celular y puso a disposición su teléfono y su GPS para que se pudiera comprobar qué había hecho luego del viaje. 

"En ningún momento pensé en secuestrarla", aseguró el chofer, para luego precisar que entendió la reacción de su pasajera: "Hay muchos peligros en la calle y muchas situaciones de inseguridad. Nosotros también estamos expuestos a eso. Pero que no me escrache como lo hizo porque es la herramienta de trabajo de toda mi vida, me arruina la vida".

"“Yo la comprendo porque soy joven y pueden pasar situaciones como las que ella denuncia, pero mi papá solo intercambiaba mensajes con mi hermano porque hablaban de comida”, completó Sabrina, la hija de Gustavo.

Quedarse en que fue sólo un malentendido, si la Justicia finalmente define que fue así como todo parece indicar, es perder de vista que detrás de esa escena hay muchas otras con finales diferentes. Por más que algunos lo vean como "la paranoia de una piba" u otros hablen de una "campaña de difamación contra los choferes orquestada por una App", como esgrimieron desde la Cámara de Titulares de Taxis de  Rosario.

Ahondando un poquito, el tema tuvo la repercusión que tuvo porque cala profundo en cada familia que con una hija adolescente o adulta joven cruza los dedos cada vez que el regreso a casa se da de noche o madrugada y en un transporte ajeno. 

Lo mismo para ellas, que cada vez que se suben a un taxi, remís, Uber o Cabify cuando la Luna manda inventan diálogos y comparten ubicaciones con tal de sentirse un poco más seguras. ¿Qué nos está diciendo todo esto? 

Que el viaje en taxi de Sofía tuvo más condimentos que una simple bajada de bandera habla más de nosotros como sociedad que de ella como involucrada. Para el final, una mínima referencia a un tema que en los próximos días se llevará páginas y páginas de diarios y portales y horas y horas de charla en cada rincón del país: la legalización del aborto

No es casual que cada una de las partes haya elegido como distintivo una tonalidad que proviene del mismo color, el azul.  Y que las diferencias entre las posturas parecen tan lejanas como el cielo celeste y el verde del césped. Ojalá que así como unos y otros se unen en el horizonte, seal cual fuera el final de la discusión, se pueda llegar a un acuerdo, escuchando y respetando al otro. 

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