Al repunte de marzo le siguió un cimbronazo financiero

Opinión por Javier Carrodani. 

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@javiercarrodani 

El último 30 de marzo, hace apenas 40 días, en este espacio se hizo referencia a las cifras oficiales que se difundieron entonces sobre reducción del porcentaje de pobres en la Argentina. De un 32,2% registrado en 2016 se había logrado bajar a un 25,7% a fines de 2017.

También se dio cuenta de la corrección en los números del Producto Bruto Interno informada por el Indec, que bajó la caída registrada en 2016 de 2,2 a 1,8% y ubicó la crecida del año siguiente en 2,9%. En la Casa Rosada se respiraba un clima de gran satisfacción, en base al convencimiento de que el rumbo económico emprendido en diciembre de 2015 estaba dando resultados concretos.

En ese contexto, el que firma esta columna se preguntó si se trataba de una mejora real o sólo de un repunte temporario. Parece que la respuesta llegó en estos días por el lado financiero, que por cierto es el más sensible de nuestra economía. La fuerte dependencia de factores externos como la suba de la tasa de interés dispuesta por la Reserva Federal de los Estados Unidos generó una salida de capitales no sólo de Argentina, sino de varios países emergentes.

Eso provocó la no renovación de Lebacs y la consecuente corrida por el paso de pesos a dólares, lo que elevó el tipo de cambio. Las metas de recorte que eventualmente surjan del acuerdo con el FMI frenarán la actividad económica y el crecimiento del PBI, lo que a su vez impactará en los niveles de empleo y pobreza. Resta desear que este cimbronazo sea tan temporario como el repunte anterior.

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