De Avellaneda al cierre: Marixa Balli puso en escena el derrumbe del consumo
El cierre del local de Marixa Balli se refleja en una caída del consumo que ya dejó 629 conflictos empresariales y ventas pyme en baja en todo el país.
Y un día (ayer), la economía de la calle y el espectáculo llegaron a un plató. El peor momento de Marixa Balli dejó de ser una experiencia personal para transformarse en un síntoma más grande. La artista y empresaria confirmó el cierre de su histórico local de indumentaria en la zona comercial de Flores -uno de los polos más importantes y populares del país-, empujada por la caída de ventas, entonces del consumo, y un contexto que le volvió inviable sostener la actividad.
"El 2025 fue el peor año. No camina gente, no te compra, la gente está de muy mal humor y llega un momento que te agota", relató Balli al aire de "A la Barbarossa" (Telefe). Tras décadas en el rubro textil, decidió bajar la persiana del local de la calle Bogotá, achicar su estructura y liquidar stock en un espacio más pequeño sobre la avenida Rivadavia, mientras evalúa un cambio de rubro.
Con tono certero, su testimonio puso palabras a una situación que se repite en comercios, pymes y empresas de todo el país. Según un relevamiento federal del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), durante la gestión de Javier Milei se registraron 629 conflictos y cierres de empresas entre 2024 y 2025, que incluyeron despidos, suspensiones, quiebras y cierres definitivos en sectores industriales, comerciales y de servicios.
Ventas en baja y consumo retraído
Más datos confirman el panorama, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) aseguró que el mes pasado, las ventas minoristas pyme bajaron 5,2% interanual a precios constantes, incluso en un mes tradicionalmente fuerte por las fiestas y el cobro de aguinaldos. Si bien la medición desestacionalizada mostró un rebote mensual del 5,2%, el alivio fue transitorio y no logró revertir la tendencia.
Además, el balance de todo 2025 cerró con una suba acumulada del 2,5%, un número insuficiente para compensar la pérdida en los bolsillos de los que mueven la máquina en las calles del país. El análisis sectorial mostró que seis de los siete rubros relevados terminaron el año en rojo, con caídas pronunciadas en Bazar y decoración (-15%), Perfumería (-9,8%) y Textil e indumentaria (-8,5%), el mismo sector que explica el cierre del local de Balli. La única excepción fue Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción, con una leve suba del 0,8%.
El informe de CAME expuso que el 27,6% de los comerciantes percibió un empeoramiento de su situación, mientras que el consumo se mantuvo estrictamente racional, con familias que priorizaron gastos esenciales y ofertas ante la falta de ingresos disponibles.
Flores como termómetro económico
Tal vez por eso el relato de la bailarina y comerciante desnudó con crudeza lo que pasa en Flores. "Cerré el local porque no va la gente. Ya bajó la venta en Flores, que es el lugar más económico y el polo más importante que tiene la Argentina", afirmó. También confirmó que tuvo que rescindir contratos laborales, algo que no le había sucedido desde 2005.
La situación del sector textil profundiza ese cuadro. Según los datos sectoriales citados por CEPA, siete de cada diez fábricas están paradas y se perdieron 16.000 puestos de trabajo, en un contexto donde la apertura de importaciones presiona sobre empresas que ya operan con márgenes mínimos.
Mientras el Gobierno habla de un repunte de la actividad, el mapa federal de conflictos empresariales pareciera mostrar otra cosa. La provincia de Buenos Aires encabezó el ranking con 168 casos, seguida por Santa Fe y Córdoba. El deterioro también alcanzó a CABA, el norte del país, Cuyo y la Patagonia.
Dos modelos, un interrogante
El contraste histórico ayuda a entender la magnitud del debate. En 1974, el entonces ministro de Economía José Ber Gelbard planteó como objetivo "sentar las bases económicas de un proceso de más largo plazo que, reafirmando el poder de decisión nacional sobre la actividad económica, posibilite una creciente producción de bienes y servicios con plena ocupación de los factores productivos, en un marco de justa distribución del ingreso y la riqueza, y de un desarrollo regional equilibrado". Aquella concepción colocaba al consumo, la industria nacional y el empleo como motores del crecimiento.
El modelo actual es diferente: ajuste, apertura importadora y una confianza casi excluyente en que el mercado ordene la economía. Los resultados, al menos por ahora, aparecen en los números y en las persianas bajas. El cierre de locales, los conflictos empresariales y la caída de las ventas pyme ya no parecen hechos aislados, sino señales de una economía que todavía no logra traducir estabilidad en actividad.
El tiempo dirá.

