De no atender lo cotidiano, puede haber más lágrimas
Opinión por Luis Autalán.
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@luisauatalan
A título de considerar más saludables las expresiones o pensamientos en rigor de argumentos, no parece justo fustigar al presidente de la Nación Mauricio Macri por su llanto en la gala del Teatro Colón. Durante años y generaciones pasadas los hombres debían ocultar sus lágrimas para no ser sujeto de descalificaciones varias en rango popular, social o incluso de alta alcurnia.
De hecho, intentando colocarnos en el lugar del jefe de Estado, ser anfitrión del estadounidense Donald Trump, una suerte de eje de todos los destratos imaginables y no sólo por haber tirado al piso un auricular con desdén, decimos que recibir a ese huésped es estrés puro.
Pasó la cumbre del G20 como éxito organizativo, sin incidentes graves y además con una millonaria erogación de fondos, que tampoco se ponderaron al calor del entusiasmo con el cual se sacan cuentas, respecto de las "pérdidas del país" vía paros generales. Párrafo aparte para algunas almas de cristal que semblantearon paralelos entre el G20 y el Mundial 78, como gestas, esto acerca una atmósfera de tinieblas al menos evitables. Costumbres argentinas, podrán decir.
Se nos ocurre que con cada ilustre visitante ya en su nación, con nuestro país en una suerte de casa humilde y pos celebración cuando se recibía a personalidades, el y los días después rebozan de realidad sin metáforas y complicadas de asimilar. De hecho, en la jornada de este lunes el Presidente explicó que no habrá bono de fin de año para los jubilados, en razón de escaso presupuesto para tal pago.
La franja de pobreza sigue aumentando, como el deterioro del poder adquisitivo, caen los puestos de trabajo registrados y, por ende, los informales también. Para el país, una suerte de barrio de country en el G20, quizás prospere algún efecto económico a futuro, lo cotidiano indica que en medio de crisis y ajuste, atender al paciente en cada espasmo y no con una cura programada puede incrementar la producción de lágrimas.

