Dujovne enamora a Lagarde

Opinión por Florencia Golender. 

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@flopa01 

Él pasó algo inadvertido durante la primavera amarilla que arrancó en diciembre de 2015, terminó de florecer en las legislativas de octubre de 2017 y entró en una sorpresiva sequía tras la reforma previsional. En pleno invierno que inició con la tormenta de abril, cuando el frío de los mercados internacionales rompió el corazón de la Casa Rosada, fue a él a quien el Presidente de la Nación escuchó, y todo porque la conocía a ella.

Había alguna historia entre ellos y conservaban una buena relación protocolar. Por eso cuando la moneda verde escaló a los cielos, aquel contacto se convirtió en oro para el hombre a cargo de Hacienda y ese poder la conquistó. Ella va por el mundo repartiendo recursos financieros a algunos países a los que les pasan cosas.

Suele referirse al orden y al desarrollo, pero no todas sus relaciones fueron color de rosa. Les pinchó la ilusión a muchos en sus pasos por Latinoamérica y Europa y, a pesar de sus esfuerzos por volver a conquistar, sus viejas mañas no la dejan revertir esa temida imagen.

Pero él ya dice que todo eso quedó atrás. Le brinda un banquete de bienvenida en su casa de Buenos Aires, que ella retribuye con una gala en Nueva York. Y en la mesa de negociación, ella lo mira como a ninguno. Ni Federico Sturzenegger, ni el dúo Quintana y Lopetegui, ni el "Messi" de las finanzas Luis Caputo, ni nada más ni nada menos que el joven Marcos Peña fueron dignos de su aprobación.

Ella tiene la llave del Tesoro y él reúne el poder para canalizar sus deseos. Por eso en la actualidad nadie puede con él y los que lo enfrentan sufren el rigor. Aunque dicen que él quiere dejar pronto su silla en Hacienda y puede que lo haga, pues ella parece quedarse contenta con uno de su confianza para manejar la política monetaria: Guido Sandleris.

Entre Argentina y el FMI existe en la actualidad un puente indestructible como el que sólo puede construir una conexión verdadera como la de Christine Lagarde y Nicolás Dujovne. "Espero que todo el país se enamore de ella", fue el anhelo del Presidente en Nueva York. No parece, por ahora, haber alguna similitud entre la voluntad del pueblo y él.

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