El aprendizaje indispensable a la hora de ser argentinos

Opinión por Luis Autalán. 

lauatalan@baenegocios.com 
@luisautalan 

El tiempo a veces suele ser un aula para que los aprendizajes se concreten en forma debida. Incluso para quienes conocimos un mundo sin el esplendor tecnológico de estos días, como también una imposibilidad de acudir a nuestros mentores con dos palabras simples: "Tenías razón".

Por allí se traza esta primera semana del gobierno al mando de Alberto Fernández, que en el nunca definido capítulo de "sensaciones" parece abarcar mucho más que siete días. En rigor de oficio corresponde acotar que, sin calificación de herencia -liviana, media o pesada-, un amplio abanico de conflictos laborales pasó de la gestión Mauricio Macri a la actual, algunos de ellos con rigor de estallido.

Empero, para quienes abrazan la certeza de que no hay magia y rara vez suceden milagros, la estadística marca que en el mundo del trabajo los despidos, sin causa, marcan récord en el tramo que va de septiembre de 2018 al mismo mes del corriente. Una cesantía cada 16 horas, graficó la Universidad de Avellaneda.

La contundencia del número es avasallante, como difícil de abarcar lo que significa para una persona quedarse sin empleo o las dificultades máximas que tienen aquellos mayores de 45 años para reinsertarse en el mundo laboral.

La memoria obliga a repasar conceptos del anterior gobierno, no en la gama de sus videos aspiracionales de fin de ciclo, bajo la etiqueta de "momentos", el resumen de pretendidos logros, la palabra empeñada o muchos tópicos más. Su herencia más letal se expresa hoy cuando desde una radio, la televisión, los diarios o una página web se contradice el hambre, léase la pobreza, para explicarnos que "los argentinos comemos mal".

Y retomando las primeras palabras de este artículo, uno debe agradecer, quizás en modo plegaria, que hubo quienes en nuestros aprendizajes recalcaban la obligación de leer libros, por ejemplo a Adolfo Bioy Casares cuando en su "Diccionario del argentino exquisito" alertaba que "el embaucador suele despreciar al embaucado".

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