El delirio del estallido económico en la oposición
Opinión por Gabriel Calisto.
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@gcalisto
"Tenemos un equipo que se está preparando. Si esto llega a estallar, nosotros vamos a estar listos para sacar adelante la situación". La frase, en boca de un referente opositor, se escuchó en un estricto "off the record" allá por junio de 2016, cuando los tarifazos, la devaluación y fuertes transformaciones económicas del "gradualismo" hacían mella no sólo sobre los bolsillos, sino también sobre el propio oficialismo, que no terminaba de encontrar el rumbo y prometía que recién en la segunda mitad del año comenzaría su gestión, al terminar los ajustes pendientes del kirchnerismo.
El dirigente se preparaba para un estallido económico y político que no fue. En la actualidad se escucha desde otros sectores que están "listos, por las dudas". Se lo dicen a periodistas amigos en confianza, y también a empresarios que ven cómo los balances en rojo se acumulan, sin motivos para ser optimistas de cara a 2019.
Una vez más, se preparan para un posible estallido. Que por ahora no está, y no pareciera que llegue. El oficialismo vivió (vive) un 2018 para el olvido, con crisis económica y errores propios al por mayor. Pero tiene herramientas de sobra para competir en 2019. Entre ellas, su enorme capacidad de generar discursos que lo llevan a ganar elecciones.
Pese a este 2018, Macri sigue siendo el dirigente político con mayores chances de sentarse en el sillón de Rivadavia el 10 de diciembre de 2019. Su caso no es comparable con la primera experiencia de Sebastián Piñera en Chile. Incluso, lo haría gobernando una vez más la provincia y la ciudad de Buenos Aires.
Las complicaciones económicas existen, y son graves. Tanto que el FMI jugó la carta política de adelantar para el año electoral el mayor desembolso de los fondos comprometidos, en una cifra récord e histórica. Desde allí se soportará en la economía el peso de una campaña que será dura, reñida. Otro año con incertidumbre.
De ahí a especular políticamente con un estallido de la economía que se lleve puesto a un gobierno democráticamente electo hay un abismo. Y lo primero que debería tener un dirigente que desee ser recambio presidencial es visión de la realidad. Presente y futura.

