La chica urbana (en cuarentena): aplausos olvidados

Un nuevo capítulo de una serie de eventos desafortunados donde la ciudad, sus historias y sus contextos se ven desde un punto de vista diferente.

Por La chica urbana

@ChicaCronica

Capítulo 11

Empezamos haciéndoles homenajes con aplausos todos los días y con el tiempo comenzamos a olvidarlos mientras que ellos y ellas siguieron dando sus vidas por el coronavirus en Argentina.

El haber aplaudido algún día aquella vez desde el balcón nos pareció suficiente, nos dejó tranquilos, nos hizo sentir empáticos, sensibles y además quedaba bien acompañarlos, porque también lo hacían en Europa. Pero parece que ya está, que ya pasó, que ya fue suficiente.

Ahora estamos más pendientes de salir, de tomar un cafecito en nuestro bar preferido, de hacer la vida que hacíamos antes, hacer de cuenta que todo sigue bien y que nada pasó. Preferimos olvidar, es más fácil así continuar. ¿No?

 

La chica urbana (en cuarentena): aplausos olvidados
El Same despidió este domingo a un compañero médico muerto por coronavirus(Crónica/Jonatan Moreno)

No nos importa estar amontonados en la puerta del local si en nuestras manos tenemos al fin un rico latte macchiato gigante, y si podemos estar ahí donde están todos los demás, bien pegaditos, y con el barbijo ahora en función llavero. Total… ¿Qué importa? La irresponsabilidad es nuestra, de cada uno, es personal, es individual.  ¡Eso es la libertad! ¿No?

Mientras, los trabajadores y trabajadoras de los centros de salud se enferman intentando salvar a los demás y algunos hasta mueren. De algo nos tenemos que morir, repetimos en nombre de la libertad, presos de nuestra propia brutalidad humana.

 

Desconocemos el esfuerzo, el riesgo que corre cada uno de ellos y sus familias en pos de erradicar una pandemia que se lleva cientos de víctimas y que contagia de a miles todos los días. ¿Qué importancia tiene? ¡Que se mueran los que tengan que morir! ¿No?

La chica urbana (en cuarentena): aplausos olvidados
Un artista italiano homenajeó a 198 trabajadores de la salud muertos por coronavirus

Y así nos dormimos, felices de haber salido, de haber tomado unas birras, de haber visto a nuestro grupo de amigos a escondidas, todos juntos celebrando en un monoambiente, y habiendo organizado fiestas clandestinas frente a todos y con total impunidad. ¡Porque no nos importa nada!

Salimos en los medios gritando por nuestra libertad, les decimos a todos que salgan de sus casas, que ya está, que lo peor ya pasó, que la vida hay que vivirla a pleno, al mango, al extremo. La vida es eso, vértigo. Basados en nuestros conocimientos nulos de todo, damos cátedra de cómo se debe vivir. ¡Negar la realidad está bueno, desconocer es más sano!

 

Y sí, los médicos y médicas se están muriendo. ¡Pero el virus no existe! Y somos capaces de gritarles a los médicos del Same que están despidiendo a un compañero muerto eso mismo: ¡Es mentira!. Mientras que pasamos paseando en grupo con unas cervecitas en la mano, despojados de toda culpa y responsabilidad. Estamos más allá de todo y de todos. ¡Nuestra libertad al fin es nuestra!

La despedida del Same a su compañero muerto por coronavirus

Mueren médicos clínicos, traumatólogos, kinesiólogas, enfermeras, especialistas en Unidades de Terapia Intensiva, pero la vida sigue. Total, si nos contagiamos, seguro serán reemplazados por otros de su especialidad para que puedan atendernos. ¿Y si se acaba? ¿Cuál es? Vendrán otros, o sus puestos podrán ser ocupados por veterinarios, el carnicero de la cuadra o el bartender de nuestro boliche favorito.

Pasó mucho tiempo ya y no podemos aguantar más, tanto que dejamos de respetar la vida de los demás, de quienes vienen y siguen dando todo, a pesar de nuestra necedad, de nuestra irresponsabilidad, de nuestra rebeldía. Aunque ellos dejen de cuidar a sus familias para cuidar a una parva de absolutos desconocidos a los que no les importa nada.

La chica urbana (en cuarentena): aplausos olvidados
El artista urbano Sergio Morales y su mural como homenaje a los trabajadores de la salud de México por su labor contra el coronavirus. (Imagen Twitter)

En defensa de nuestro derecho de vivir la vida nos olvidamos de esos trabajadores y trabajadoras de la salud que son esenciales cuando nos conviene, porque después somos los primeros en exigir la mejor atención cuando nos toca de cerca.

Médicos despiden a un compañero muerto en la Pcia de Buenos Aires

Parece que para creer necesitamos que nos pase por el cuerpo o por al lado, necesitamos que nos pase. Parece que escucharlos a ellos llorando por sus compañeros muertos no alcanza, no nos llega, no nos moviliza, no es suficiente.

Salgamos, hagamos nuestra vida más feliz, mientras los trabajadores y las trabajadoras de la salud hacen hasta lo imposible para salvarnos, inclusive perder sus vidas y las de sus compañeros. ¡Eso sí es empatía!

El Colegio Médico de Perú y su homenaje a los muertos por coronavirus

 

 

 

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