La elección que se convirtió en una sorpresa

Opinión por el licenciado Aldo Godino. 

El 13 de marzo de 2013, Francisco, hasta ese momento Jorge Mario Bergoglio, era elegido como el Pontífice 266° en la Iglesia Católica. Tras la renuncia sorpresiva de Benedicto XVI, asumía como Sucesor de Pedro, Obispo de Roma, Soberano del Estado Vaticano, Siervo de los siervos de Dios. Una elección que causó muchas sorpresas para quienes hacían apuestas.

Al poco tiempo de su elección, la revista Time lo consideró uno de los cien personajes más influyentes y lo nombró "persona del año" 2013. Se habló de su humildad, de su adhesión a la opción preferencial por los pobres y sufrientes, su compromiso de diálogo con personas de diferentes credos y su preocupación por el cuidado de la naturaleza.

Propugnó soluciones en temas complejos que incluyen la transparencia en la administración y las finanzas vaticanas, la coherencia entre la misión evangelizadora y la actividad económica, la simplificación de la burocracia, la eficacia de la comunicación, la nulidad matrimonial, la lucha contra la pedofilia y los abusos, y la protección de menores y migrantes.

La revista Time lo consideró uno de los cien personajes más influyentes y lo nombró "persona del año" 2013.

Verdaderamente no es fácil hablar de Francisco, porque no es fácil observar y presentar eventos de la Iglesia teniendo en cuenta la perspectiva con la que se deben leer: la perspectiva de la fe. El mismo Papa decía: "La Iglesia aun siendo una institución humana, no tiene una naturaleza política sino esencialmente espiritual: es el pueblo de Dios que camina hacia el encuentro con Cristo".

Por eso Bergoglio ha convertido su pontificado en un refugio de las esperanzas religiosas, aunque refleje también las controversias provocadas en el interior de la Iglesia. Seis años de su elección: a los creyentes sólo nos queda rezar por él, al resto cruzar los dedos.

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