¿Los partidos políticos no son para los librepensadores?

 Opinión por Javier Carrodani. 

@javiercarrodani 

De cara al debate de este miércoles en el Senado para autorizar o no al juez federal Claudio Bonadio a allanar domicilios de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el jefe del bloque de senadores del justicialismo, Miguel Pichetto, informó que los integrantes tendrán "libertad de acción" para pronunciarse.

Se trata de una medida para evitar fisuras internas, dado que hay posiciones opuestas respecto de qué hacer. Algo muy parecido se dio en todos los bloques numerosos tanto del Senado como de Diputados en torno al proyecto de legalización del aborto. Y así y todo hubo enojos entre compañeros de bancada y afinidades casi impensadas entre miembros de distintos bloques.

Ahora bien, la libertad de acción, o "libertad de conciencia", como también se denomina a esta situación, ¿no debiera ser lo habitual, en vez de lo excepcional? ¿Qué otra referencia que el propio criterio o convicción debería guiar a un legislador a tomar postura en cada asunto que se trata en comisión o en el recinto?

La respuesta que suelen dar dirigentes y analistas apunta al concepto de "disciplina partidaria", esto es la sujeción de los integrantes de un bloque a los lineamientos que fijan los jefes políticos. En esa lógica, no hay espacio para los "librepensadores" en una estructura que adopta un carácter fuertemente jerárquico.

Así, apelativos tales como "díscolo" o "traidor" le caben a quien se atreva a disentir públicamente o a no votar como se le ordena. Y eso que un legislador ocupa un cargo electivo. No es un funcionario designado, quien claramente sí está obligado a seguir directivas y, si no está de acuerdo, a renunciar.

Depende, entonces, de cuán profundo sea el compromiso de cada legislador con sus ideas o posturas, a la hora de definir qué hacer si éstas no coinciden con un proyecto o una línea que le bajen desde la conducción partidaria.

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