Planificar, un acto imposible en una realidad sin estabilidad

Opinión por Gabriel Calisto. 

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@gcalisto 

Hacer un viaje durante las vacaciones, una de las claves de "pertenecer" a la clase media, requiere planificación. Elegir el mejor momento para viajar (el clima, la cantidad de días, los lugares a visitar) implica también cuantificar lo que se necesitará (pasajes, impuestos, alojamiento, gastos, compras, etcétera).

Hacer un viaje durante las vacaciones es una quimera. ¿Cuánto vale un pasaje al exterior? ¿A cuánto va a estar una semana en Pinamar, generalmente igual o más cara que la salida del país? A esa clase media intenta reconquistar el gobierno, o mejor dicho, el oficialismo, aunque actúen como si fueran lo mismo. Esta semana esa relación se complicó todavía más.

Vivir en la pobreza implica no poder planificar. En el último año se sumaron a este grupo más de 4,5 millones de compatriotas, todos expulsados de la clase media. Planificar un viaje puede ser una frivolidad en tiempos de crisis, donde la mitad de los pibes del país -feliz Día del Niño- no accede a la canasta básica y va a la escuela pensando en comer antes que en aprender.

Pero ahí también está el punto: esos nenes no pueden ir a estudiar y calcular fórmulas matemáticas o analizar la gramática porque tienen hambre. Hambre que impide el desarrollo. Tampoco se puede planificar sobre su educación, lo que bloquea la inmensa ventana de oportunidades que da el revolucionario hecho de aprender.

No van a poder planificar a qué trabajo acceder ni cómo desarrollar su carrera. Planificar una familia, elegir el momento para tener hijos, también parece un chiste de mal gusto en este país. Hace siete días el ingreso de cualquier adulto implicaba algo que ya no existe ni volverá. ¿Se mantendrá otros siete días o volverá a caer? Imposible decirlo.

Planificar el acceso a una casa, un crédito para pagar algo tan importante e inaccesible como una vivienda, es otra joda difícil de digerir. Ahí están los que se animaron a las UVA, pidiendo rescate. El resto miramos de afuera, la ñata contra el vidrio. Al menos, tenemos trabajo y para comer. Ojalá algo de eso aparezca en la campaña. O en la realidad del país, que sería todavía mejor.

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