Que el dolor sea maestro y no enemigo

Opinión por Aldo Godino. 

A veces, la vida duele. Y a veces sacude tan fuerte que parece difícil volver a levantarse. Y es que cuando vivimos un suceso doloroso, somos de alguna manera empujados a intensos procesos emocionales. Unos procesos en los que hemos entrado por la propia inercia de la realidad, pero que nos exigirán mucha fuerza para salir de ellos. De otra forma, será la amargura y el dolor los que nos consuman.

El cáncer -uno de estos acontecimientos invasivos- llama a muchas puertas, aunque nadie lo espera. La enfermedad entra en escena cada día. Entonces, cientos de preguntas asaltan sin dar tregua, sobre todo una: ¿por qué a mí o a mi familia? El dolor golpea con demasiada fuerza, sobre todo cuando el paciente es todavía un niño.

La noticia llegada de Chile, que habla de un tumor cerebral en el hijo del ex presidente Carlos Menem, nos corre del escenario de la farándula y de lo superficial, sumergiéndonos en un baño de realidad dolorosa. Nada tan singular como el dolor, nada tan personal como esa experiencia. No alcanza con saber que cada año se diagnostican 900 nuevos casos de niños con cáncer menores de 15 años.

No es bueno caer en la frivolidad ridícula. El dolor ajeno nos invita a pensar en nosotros. Quizás es la oportunidad de volver a pensar en las herramientas que poseemos o no, para evitar enquistarnos en un dolor lacerante, incapaces de un crecimiento personal.

Aprender que todo cambia y que siempre sale el sol después de que el cielo se haya nublado, con la belleza y la fuerza de los nuevos amaneceres. ¡Vaya nuestra oración y nuestra buena energía!

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