Por Jorge Fernández Gentile
paranormales@cronica.com.ar

Se sabe que muchas veces se tienta al mismísimo diablo para que haga de las suyas. Y entonces se lo culpa de hechos que en realidad son debidos a errores humanos, a la ignorancia y a la falta de responsabilidad, cordura y conciencia de algunos pocos, que después buscan culpables que nada tuvieron que ver, incluido el destino.

Ese caso se aplica a uno de los hechos fatales más luctuosos del Brasil, que se produjo el 20 de septiembre de 1981, cuando una embarcación de pasajeros, el "Sobral Santos II", que navegaba por las traicioneras aguas del Amazonas, uno de los ríos más imponentes del mundo, sucumbió ante el sobrepeso que soportaba el navío, debido al exagerado número de pasajeros que viajaban hacinados en sus diferentes compartimentos, y a que también cargaba unas 150 toneladas de exceso de carga bruta, entre alimentos regionales y miles de botellas de refrescos.

Mucha gente se subió en Óbidos, pero ya el “Sobral Santos II” venía sobrecargado. 

Todo eso provocó una tragedia inigualable en la historia de los accidentes fluviales del vecino país, y que aún no pudo dimensionarse en su real valor, porque las cuantiosas pérdidas de vidas envolvieron todo para que responsables y culpables del hecho no alcanzaran a entender la real magnitud de lo que pasó, aunque nada paranormal o esotérico sucedió aquel día.

Óbidos es una ciudad antigua, que fundaron los portugueses en 1697, en el estado de Pará y que se localiza en la zona más estrecha y rápida del Amazonas, que tiene allí sólo 1,7 km de ancho, ubicándose entre otros dos importantes asentamientos como son Santarém y Oriximiná. Justamente, a muy poca distancia del puerto de Óbidos, una parada obligada, aunque era en 1981 era una estación fluvial que ni luz eléctrica tenía, se produjo el hundimiento del "Sobral Santos II", mientras hacía su recorrido semanal entre Santarém y Manaos, una de las más importantes del estado y de esa región del norte brasileño.

La embarcación era considerada una de las más modernas y seguras.

La embarcación era considerada una de las más modernas y seguras que navegaban el río. Botado en 1957, tenía un potente motor de 600 HP de potencia, pero al ser sobrecargado, tanto por pasajeros como por la gran carga de alimentos y botellas que llevaba, perdió su estabilidad y se fue a pique inexorablemente apenas había zarpado.

Muchos testigos que lo vieron partir confirmaron que se había vendido casi dos veces la capacidad para albergar pasajeros, ya que albergaba casi 500 personas, la mayoría sin siquiera estar registrada, y cuando su cupo no debía ser superior a 350.

Además, la mala estibación de la carga, con cientos de cajones de botellas sin atar dispuestos a babor y muy por debajo de su línea de flotación, coadyuvó a que el "Sobral Santos II" perdiera enseguida su estabilidad, y muy poco después de su partida, a las 7, desde el rudimentario puerto de Óbidos, se fue a pique en poquísimos minutos.

Tan rápido resultó todo que, más allá de los esfuerzos de muchos náufragos por salvarse y alcanzar la costa, y de otros navegantes que se acercaron con sus botes a la zona, solamente 178 personas salvaron sus vidas, estimándose que hubo más de 200 muertos, muchos mutilados, y un número parecido de desaparecidos.

Más allá de las habladurías sobre esotéricas maldiciones que cargaba sobre sí el barco, en especial de poblaciones de los aledaños, lo real y concreto es que se trató de una gran negligencia, no solamente de la empresa naviera que permitió el exceso de carga y de pasajeros, sino también de su capitán, Elio Palhares, uno de quienes sí salvó su vida, y que reconoció pormenores del siniestro.

Tampoco es atribuible a los demonios que muchos de los cuerpos rescatados sin vida fueran mutilados salvajemente. En principio se creyó que pudieron ser víctimas de cardúmenes de pirañas, un pez carnívoro que puede destrozar un cuerpo humano en minutos y que está siempre presente en el Amazonas. Sin embargo, los fallecidos y siniestrados fueron atacados también por otros grandes depredadores del peligroso río (ver tema aparte). El balance no tuvo nada que ver con los dichos de las tribus cercanas a las regiones selváticas que rodean a Óbidos, quienes culparon a entidades esotéricamente malignas de producir la tragedia. Aquella vez hubo culpables que nunca fueron penados.

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