INFORME

El enigma astronómica de las Pirámides de Egipto

PRECISIÓN. La dirección a la que apuntan ha asombrado a arqueólogos y astrónomos.

Por Prof. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

La exacta orientación de las tres más famosas pirámides de Egipto û me refiero a las de Kheops, Kefren y Micerino û que se hallan situadas hacia los cuatro puntos cardinales, constituye un motivo de asombro que se remonta ya a los primeros momentos de la historia de la civilización en que la astronomía se puso al servicio de la cultura, en este caso de la arquitectura monumental.

Ya durante el siglo XIX, numerosos investigadores se empeñaron en buscar una explicación para el misterio de que contaran con tan avanzados conocimientos astronómicos. Al respecto, la egiptóloga británica Kate Spenc, aportó, hace unos 20 años, nuevas hipótesis.

Las pirámides de Egipto y, en particular, las atribuidas a los faraones de la IV Dinastía (Kheops, Kfren y Micerinos) que se levantan sobre la meseta de Gizah, muy cerca de la ciudad capital, El Cairo, desde hace unos 4500 años, están orientadas con una extraordinaria precisión hacia los cuatro puntos cardinales.

En un su intento por explicar conocimientos tan precisos en tiempos remotos, Spence sugiere que el alineamiento de las pirámides se habría conseguido mediante observación del tránsito simultáneo por el meridiano celeste (línea imaginaria que divide la bóveda celeste en dos mitades) de dos estrellas circumpolares situadas en lados opuestos del polo, llamadas Kochab y Mizar.

Empero hay quienes proponen que esta orientación de las pirámides, siguiendo la línea meridiana, podría haberse conseguido mediante la observación del tránsito meridiano de las estrellas Phecda y Megrez, situadas en la pierna de la constelación de Tauro, una de las más importantes en los días del Egipto faraónico.

La prolongación de la línea de unión entre esas dos estrellas apuntaba hacia Thuban (que ocupaba el sitio de la estrella polar), del mismo modo que hoy la prolongación de la línea que une las estrellas más brillantes del cuadrilátero de la Osa Mayor nos señala la estrella polar actual.

En esta nueva hipótesis, la máxima precisión se habría conseguido en torno al año 2.562 a. J. y, en consecuencia, la Gran Pirámide podría haberse alineado en un momento intermedio entre las dos flechas propuestas para el comienzo del reinado del faraón Kheops, entre 2589 y 2551 a. J. 

Tal propuesta cuenta con importantes implicancias cronológicas e históricas, incluso mitológicas, lo que puede ayudar a una mejor comprensión de cómo la civilización faraónica entendía el Cosmos y orientaba sus monumentos.

Las medidas astronómicas efectuadas por los pueblos antiguos han sorprendido siempre a los científicos modernos por su exactitud. Cuando se piensa que en pleno siglo XVII, nada menos que el tan célebre físico y matemático Isaac Newton (1643-1727) tuvo que postergar por dos décadas su trabajo en torno de la Teoría de la Gravitación Universal porque no contaba con una medida del meridiano terrestre con errores inferiores al 10% se torna increíble que Eratóstenes de Cirene, matemático, astrónomo y geógrafo griego, fallecido en el 194 a. J., en la ciudad de Alejandría, hubiera logrado calcular la longitud del meridiano en 36.690 km.; lo que implica un error menor al uno por ciento.

¿Tendremos que pensar, entonces, qué según tiempos y culturas, hubo conocimientos extraordinarios que se perdieron? ¿O, tal vez, que pasaron a ser en secreto para estar en manos de unos pocos?. Hay muchos ejemplos al respecto.

Recordemos que los babilonios habían calculado el movimiento diario del satélite natural de la Tierra, la Luna, en 13º 10’35’ (Geminus); lo que implica un error de sólo 1’. Como bien advirtieron los historiadores, estas culturas de la antigüedad conocían diámetros máximos y mínimos lunares a los que, prácticamente, resulta imposible acceder sin la utilización de instrumentos ópticos avanzados.

 

Pero, vuelvo a la civilización egipcia. Estos, habían calculado el año terrestre con una duración de 365,2425. Cifra que, prácticamente, coincide con la actual. ¿Cómo lo lograron? Resta, sin embargo, responder ¿Qué simbolizan estos y otros aspectos cósmicos detectados en las tres grandes pirámides?

MILENIOS ATRÁS: UNOS ADELANTADOS: LOS CÁLCULOS DE LOS MAYAS

En la América Precolombina también aparecen datos sorprendentes de culturas antiguas. Un grado notable del conocimiento astronómico estuvo en manos de los mayas, una sociedad que duró más 2.600 años y destacó además en matemáticas, medicina natural, agricultura, escritura y arte.

Los mayas eran capaces de mirar al cielo y entender lo que estaba pasando.

De hecho, realizaron cálculos astronómicos sorprendentes, lograron medir la revolución sinódica de la Luna en 29,53059. Cifra que es, precisamente, el valor indicado por los instrumentos con que cuenta la ciencia actual, casi dos milenios después de su desaparición.

De nuevo surge el interrogante, ¿cómo pudieron hacerlo? Pero hay más datos de esta índole. La duración del año terrestre, de acuerdo al cálculo de los mayas es 365,2420 días.

El astrónomo, físico, matemático y filósofo francés Pierre Simone Laplace (1749-1827) cuando fue informado de ese dato û que implica un error de sólo dos diez milésimas con respecto a las mediciones hechas en el siglo XVII û sólo pudo opinar “que debieron obtenerlo de alguna otra parte” pues, a su juicio, el grado de evolución cultural de los precolombinos hacía imposible un conocimiento tan exacto de tales valores astronómicos.

Quedó û y sigue aún el interrogante abierto û sobre, ¿de dónde pudieron obtener semejantes datos de tan elevada precisión? Más aún, ese tan mínimo error de dos diez milésimas, ¿es, realmente, un error o la cifra indicada era exacta en el momento en que fue tomada? ¿Acaso el año terrestre no varía con el paso del tiempo?

(*) Doctor en Psicología Social, parapsicólogo, filósofo, historiador

Esta nota habla de: