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El misterio, la pasión y el exilio: Américo Barrios, compañero del cosmos

Perfil. El menos conocido de una de las grandes plumas en la historia de crónica

Por Carlos Parodi (*)
carlosparodi64@gmail.com

Acaso tres factores marcaron el designio de la fantástica existencia de Américo Barrios: el misterio, la pasión y el exilio. Nacido en 1911 bajo el nombre de Luis María Albamonte (cuya traducción es "Montaña Blanca"), en Chabás, Santa Fe, su incansable figura de caballero errante lo catapultó al cénit del periodismo gráfico y radial desde los años 40 hasta fines de los 70. Aquellos lectores que hoy rondan las 7 décadas recordarán sus columnas en Crónica y su cordial e inconfundible voz en los micros radiales.

Su apasionada filiación peronista conjugada con su estirpe de hombre de letras, hicieron de este gran hombre un personaje encantador y querible. Transitó los caminos de su vida con la convicción propia de los tipos de bien, portador de códigos y de valores hoy tan olvidados cuando no menospreciados. Hijo de un médico rural y de una concertista de piano, con un mivel social alto, eligió el camino de la justicia social.

Su obra literaria, fue premiada y también injustamente menoscabada, pero siguió adelante con la convicción propia de los que creen en lo que hacen. Incursionó en el periodismo en todas sus ramas y en cada una dejó marcada en tinta su inconfundible impronta.

Fue redactor en el diario El Sol y en 1940 ganó el Primer Premio Municipal de Literatura. A finales de ese mismo año, sus comentarios de la jornada futbolística publicadas en el diario Crítica lo llevaron al estrellato merced al particular estilo periodístico que lo acercaba al pueblo, verdadero protagonista de sus crónicas.

Tiempo atrás, las extrañas formas que toma el misterio ya merodeaban por su vida cuando estaba viviendo con su familia en una extraña casa en la localidad bonaerense de Puán, y su hermana Lilia Haydeé murió víctima de escarlatina con sólo 17 años. La familia decidió honrar su memoria y colocó un retrato de la joven en una habitación.

Y durante las noches se escuchaban golpes secos que provenían de esa misma pared donde colgaron la foto. Esos mismos ruidos continuaron hasta el día en que murió su padre.

Su actividad periodística y literaria no se detenía. Otro hecho al menos extraño fue cuando Barrios escribía notas futbolísticas para La Razón, en 1941, y una noticia acaparó su atención: un hombre se había suicidado bebiendo cianuro en el interior del cine Gaumont y entre sus ropas, la policía halló una carta dirigida al periodista.

Su estilo periodístico, refinado e innovador para entonces, lo acercó a la redacción publicitaria y a la posibilidad de ganar unos cuantos pesos más. Eran tiempos en los que comentaba fútbol por Radio El Mundo y luego fueron suyas las columnas de actualidad auspiciadas por la compañía Gillete.

Tenía tal llegada que entre sus oyentes, un capataz de obra había logrado que en su contrato que la empresa lo dejara llegar a su casa a tiempo para escuchar a Américo Barrios. Pero la pasión por el misterio aún estaba viva y sobrevoló por la redacción del flamante diario. El tema se instaló en 1965 y ya durante 1968 y 1969 don Américo publicó columnas bajo el título "Extraño- Muy Extraño" sobre su apasionada obsesión y deslumbrío a todos.

Es invitado a los canales de TV y los colegas, micrófono en mano, querían saber cómo estaba de salud el General y cuánto había de cierto en eso de los "marcianos" y los "platos voladores" que se veían en el cielo argentino. Sin saberlo, en este punto del cono Sur, vivíamos una ola de avistajes sin precedentes.

Ya en 1967, bajo su nombre real, Luis María Albamonte, publica un volumen de cuentos, "Los Invasores"; y durante 1979, "El último hombre de la Tierra", cuya contratapa señala: "No es posible encasillar este libro dentro de la ciencia ficción, al menos dentro de aquella considerada despectivamente como un género menor de la literatura y limitada a meras especulaciones imaginativas.

La preocupación por el destino del hombre está implícita en todos los cuentos". Los récords de tirada de Crónica no decaían y Américo Barrios obtiene el Martín Fierro en 1972, otorgado al mejor periodista de la televisión nacional y columnista y director de importantes diarios porteños. Hacia 1980 su salud decayó y pasó a dirigir el semanario Flash con impronta sensacionalista y tapas en color que alternaban los secretos de la farándula con los últimos avistajes de naves por nuestro territorio.

Otro éxito de ventas en el cual Don Américo se permitió despuntar el genial vicio de la escritura y publicó cuentos fantásticos. Es de los contados periodistas que le extiendió una mano a otro poeta y escritor genial nacido en San Andrés Giles: Alejandro Vignati, recién llegado al paístras girar por el mundo del misterio. Las estrellas comienzan a apagarse tanto como la salud del genial Américo Barrios, y en febrero de 1982, a los 70 años descarna y emprende el último viaje.

DIVULGÓ EL FENÓMENO UN VISIONARIO QUE SIEMPRE CREYÓ EN OVNIS

En 1949 llegó a sus manos un libro que abriría una ventana más en sus creencias: lo firmaba el mayor Donald Keyhoe y hablaba sobre platos voladores. La figura del comandante estadounidense sería uno de los puntos más altos en la consideración por esos primeros tiempos de los que mucho tiempo después se llamó el fenómeno OVNI o la problemática ufológica, como otros lo llamaron con el correr de los años.

En aquel final de la década del ´40 Américo Barrios no lo dudó ni un momento: Inmediatamente compró los derechos y comenzó a publicarlo por capítulos en las ediciones del fin de semana y con títulos en rojo furioso. Su visión futurista de la temática no admite discusión.

Al poco tiempo de sus ya notorios éxitos como comentarista deportivo, en su fase escrita alcanzó el grado de director de dos diarios de neta tendencia peronista, como lo eran “Democracia” y “El Laborista”, muy seguidos por los entonces seguidores del presidente de la nación, a quienes llamaban los “descamisados” Y su filiación peronista no decaía y su interés hacia los enigmas del espacio se acrecentaba.

En junio de 1955 emprendió el exilio acompañando a su líder Juan Domingo Perón. Comenzó un extenso y agotador derrotero. Pasó a ocupar el lugar de secretario y en especial, el de amigo del presidente derrocado. Hacia 1964 publica “Con Perón en el exilio” que se transforma en un gran éxito de ventas. El creador del diario Crónica, Héctor Ricardo García, rápido de reflejos, lo convoca para que ocupe la dirección de la edición matutina.

Américo Barrios retoma la cercanía con sus fieles lectores y firma las cotidianas y reflexivas columnas de contratapa con su habitual cierre: “¿No le parece?”. Publicó su primer cuento en 1929 en la revista “El Hogar” y poco después abandonó sus estudios de Medicina y como adicionista en un restaurante publicó su primer libro, “Yuba”, con una tirada de 300 ejempla

(*) Investigador paranormal y ufológico

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