Por Fede Orbes
Investigador Dogma Argentina

El sincretismo es un término empleado en antropología cultural y en los estudios de religión comparada para referirse a la hibridación o amalgama de dos o más tradiciones culturales. En otras palabras, es el término que se utiliza para el estudio que lleva a explicar cómo se mezclan rituales, credos, dogmas y deidades de varias religiones.

Para Dogma Argentina, que se dedica a la investigación paranormal, hay un paralelismo entre esa actividad, que tiene todo un proceso, y el sincretismo religioso. Por esa razón, en estas líneas se ha tratado de encontrar un hilo conductor que recorra desde las más antiguas religiones hasta las actuales. Ese hilo conductor es, sin duda alguna, el sincretismo religioso.

¿Cuál fue el origen de todo?

Desde chimpancés invocando a la lluvia con protorrituales hasta elefantes en cortejos fúnebres bajo la Luna, los seres vivos siempre idolatraron a aquellas fuerzas naturales que no comprendían. Hace 25.000 años, los seres del Paleolítico comenzaron a venerar al Sol, el viento, la Luna y el trueno, dotándolos de un espíritu o principio vital, corriente que se conoce como “animista”. Entre los primeros en darles carácter de deidad o Dingir, en su idioma original, se encuentra el pueblo sumerio, que idolatraba al dios del cielo, señor de las constelaciones y rey de dioses An o Anu y cuya esposa, Ki, era diosa de la tierra. An, junto con Enil, dios del aire, y Enkim, dios de los cimientos, formaban una trinidad divina comparable a la del cristianismo de nuestra época.

La conquista europea del continente americano llevó a fundir las creencias de los nativos con las de sus conquistadores.

Sin embargo, estas deidades sumerias carecían de forma antropomorfa. An era representado como un disco solar o una corona con cuernos. Esta última representación guarda semejanzas con el dios wiccano llamado Cernunnos, cuya forma era humanoide, pero dotada de cuernos, para así evocar a los ciervos, alimento fundamental del pueblo anglosajón. Además, se lo solía representar antiguamente como el dios Sol, en oposición a la diosa Luna, que velaba por la fertilidad tanto de las mujeres como de los campos (sí, como una diosa de la tierra, al igual que la sumeria Ki). Y estos no son casos aislados: los egipcios adoraban al dios del Sol llamado Ra, como también a Isis, diosa de la fertilidad.

Este variado panteón incluía dioses con cabeza de animal (algo que se observa nuevamente en Cernunnos) como Anubis y Seth, señores de la muerte y el caos respectivamente. El panteón de dioses griegos guarda incluso un absurdo parecido con el romano, esto debido a que el primero dio origen al segundo. Por este motivo, por ejemplo, los dioses tales como Zeus y Poseidón, de los griegos, pasaron a ser Júpiter y Neptuno para los romanos. Otra deidad que puede resultar familiar en estos panteones es el dios griego Pan (Fauno, para los romanos), que puede ser asociado a la figura del dios astado de la Wicca. Es durante el Imperio romano que el sincretismo alcanza un primer auge, al aceptar dentro de su panteón cientos de dioses antiguos y de diversas religiones, sólo cambiando su nombre. Pero el politeísmo forjado por años se vio amenazado por un creciente movimiento monoteísta de la mano de una nueva religión.

Aztecas, mayas e incas adoptaron y adaptaron su fe y aún las entremezclan. 

Problemas en el “Paraíso”

La llegada desde Oriente del zoroastrismo y el judaísmo al Imperio romano desestabilizo la era politeísta. El zoroastrismo (cuyas bases compartían similitudes con el hinduismo y el budismo a través del, nuevamente, dios solar, Mitra) idolatraba a Ahura Mazd, llamado así por el profeta Zaratustra. En cuanto al judaísmo, es la doctrina más antigua practicada hasta nuestros días, y su dios es Yahveh. De él se desprenden otras dos grandes ramas de la religión actual: el islamismo y el cristianismo. Este ultimo, nacido en un escondido rincón del Imperio romano en el siglo I. Existe evidencia más que suficiente para afirmar la existencia de Jesús de Nazaret, quien, según esta doctrina, era el Cristo, el Ungido.

Este dogma fue un punto de ruptura con el judaísmo, que se lanzó a la persecución de los cristianos por considerarlos herejes. En esta huida por todo Oriente, el creciente cristianismo absorbió para su Mesías características de los dioses más importantes de los panteones griego y romano, de tal modo que un simple pastor pasó a ser deificado hasta el punto de ser considerado como un dios (un ser de origen divino), creador del universo, señor de la vida y de la muerte, creador del tiempo y al que se identificó con el sol. Ello explica, por ejemplo, que la fecha acordada para celebrar la natividad de Jesús fuese el 25 de diciembre, cuando se celebraba la fiesta del Sol en todo el Imperio romano. El nacimiento de Jesús de Nazaret, hijo de una Virgen y el Espíritu divino, visitado por tres reyes que seguían una estrella brillante en el Este, es casi de publico conocimiento.

Jesús, rodeado de otras deidades.

Lo que quizá no se sabía eran las similitudes con la natividad de otras deidades como Horus en Egipto; Mitra; Krishna; Attis; Dionisio. Y estas coincidencias no sólo se limitan a nacimientos, sino también a su crecimiento, su cualidad como maestro a corta edad, milagros, número de seguidores, e incluso son parecidas las formas de sus muertes y posterior resurrección. Esto quizá tenga una explicación astrológica: el nacimiento del Sol el día 25 de diciembre se ve bajo la constelación de Virgo, la virgen, y Sirius brilla por delante de los Tres Reyes, más conocido como el cinturón de Orión.

Algo semejante ocurre con la “muerte” del Sol, ocultándose los días anteriores al 25 de diciembre, cuando permanece “estático” durante tres días, para elevarse nuevamente. Todo esto bajo las cercanías de la constelación Cruz del Sur. De aquí que muchas de las representaciones de estos dioses sea con un disco solar en su cabeza, tal como también se puede ver en Jesús: todas estas deidades representan el mismo principio vital, el Sol.

Asimismo, las deidades de distintos pueblos fueron incorporadas con diversos significados a veces negativos y a veces positivos. Así, el dios egipcio Seth se transformó en Seth-Anás (Satanás), señor del mal, en tanto que las divinidades agrícolas como Baal fueron fusionadas en la figura demoníaca de Belcebú.

Por su parte, los mensajeros de los dioses, figuras aladas por definición como Apolo o Mercurio, fueron identificadas con los arcángeles, como Gabriel, que es ante todo un mensajero divino. Las divinidades femeninas de la maternidad, la abundancia y la fecundidad fueron resignificadas en una nueva figura: la Virgen María.

El sincretismo permitió que, en sus inicios, el cristianismo ganara muchos adeptos y creciera exponencialmente, lo que preocupó a un tambaleante imperio romano. Habiéndose logrado empapar con la cultura griega, el cristianismo se instaló en las altas clases sociales romanas, con familias poderosas. Considerando esto moldeó su doctrina dando lugar a un credo que fue tomado desde la cosmovisión neoplatónica de la trinidad. Así se conoce al Padre, al Hijo y al espíritu Santo (tal como AN, Enkim y Enil en Sumeria; Isis, Osiris y Horus en el antiguo Egipto; o la trilogía hindú entre Brahma, Vishnu y Shiva).

Con el tiempo, y al oficializarse como religión de Roma modificó sus rituales de sacrificios, representando la sangre y el cuerpo inmolado como vino y pan (elementos de cosechas de antiguos pueblos). Esto reemplazó el tipo de sacrificio ofrecido antes a Yahveh en el Antiguo Testamento, condenando esas prácticas y las religiones que las hicieran, tachándolas incluso de espiritistas y adoradores del demonio.

Los avances de ciertas religiones en donde existen otros cultos, terminan por generar una especie de simbiosis.

Una de las figuras más representativas de Satanás fue tomada de los dioses Cernunnos, Baco y Fauno, decisión premeditada para demonizar todos aquellos dioses ajenos a los suyos. Existe una representación controversial en la medalla británica: se trata de San Miguel Arcángel, que representa el mal como alguien de rasgos africanos, implantando una imagen visual sobre lo pueblos de esta zona y sus religiones, por considerarlas brujería. Aún a esos intentos, los pueblos originarios y paganos de todo el mundo han logrado mantener sus cultos "escondidos" al usar imágenes cristianas, creando sencillamente un nuevo sincretismo religioso.

Dioses del camuflaje

Con la afiliación del imperio romano a su credo, el cristianismo inició una fuerte persecución a dioses antiguos, se ordenó destruir templos, quemar libros e incluso "convertir" paganos a la vera de la hoguera y su fuego purificador. En Irlanda, por ejemplo, aquellos lugares sagrados de la antigua religión fueron arrasados y reemplazados por templos cristianos para atraer nuevos fieles. Pero el ingenio de estos pueblos, acostumbrados a rendir culto de forma sigilosa, logró infiltrar en algunas iglesias, figuras de la diosa o del dios en los rincones de los templos.

Por ese entonces, la conquista de América fue un nuevo escenario para el dios cristiano contra otro puñado de dioses autóctonos. Religiones como las de Mayas, Incas y Aztecas en el centro y sur, o bien cientos de tribus con carácter animista y politeísta del norte fueron perseguidas, eliminadas y reemplazadas. Solo algunos lograron ocultar bajo el sincretismo la supervivencia de sus propios dioses.

Muchas religiones, deidades bien diferentes. 

Entre estas se destaca la región de Cuba, donde todo rastro del pueblo originario se exterminó. La mano de obra para construcción de catedrales e iglesias fue traída desde África, y con ellos ingresaron al continente religiones como el Dahomey, el Yoruba y el Congo. Estos esclavos prosiguieron con sus ritos y cultos, pero cambiaron los nombres de sus orishas (dioses africanos) por los cristianos.

Así, Oxum (diosa de los ríos y fertilidad), mutó a la Virgen de la Caridad del Cobre; Yemanya, quien regía los mares, se fusionó con Stella Maris del Mar; y Babalu Aye fue conocido como San Lázaro. Estos son solo algunos casos de sincretismo en dioses del Yoruba, que dio forma a la Santería Cubana, que mezcla elementos africanos, católicos e incluso espiritistas de forma natural y espontanea. Este fenómeno se repitió en Brasil, donde la religión Umbanda, también llegada de África, venera a los Orixas, pero difieren en varios aspectos de la cubana. Es una de las más crecientes en la Argentina.

Distinto fueron los Mayas, que tras una extensa "batalla entre dioses" aceptaron al dios cristiano como uno más de su panteón y así conviven. Esto se entiende por el politeísmo maya, además de las similitudes en ciertos simbolismos (el sacrificio de sangre realizado por Cristo suena normal en un pueblo habituado a las guerras, y ambas culturas tienen la cruz como símbolo sagrado). Obvio que hubo algunos cambios en las liturgias originales: con el nuevo dios no se permitía matar personas ya que es pecado. Ademas, aportaba conocimientos interesantes, aunque desconocía al maíz (provisto por Ah Mun), o la lluvia (representada en el dios Chac, un anciano con ojos de reptil, lengua y colmillos).

Un dato curioso se dio en la Iglesia de Santo Tomas de Chichicastenango, Guatemala, allá por el 1800, el padre Ximénez encuentra el Popol Vuh (llamada biblia Maya) y lo lee en el templo. Desde entonces, los indígenas pueden practicar tanto con el culto católico como el maya, que realizan diversos oficiantes y usa incienso, pétalos de flores, humo o aguardiente.

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