No está demasiado difundido que en la Argentina, más precisamente en la ciudad de Santiago del Estero, capital de la provincia del mismo nombre, dentro de la iglesia y convento de la Orden Dominicana, se encuentra un lienzo del que se afirma es réplica del Santo Sudario depositado en Turín, Italia. Tela con la que fuera protegido el cuerpo del Maestro Jesús al depositarlo en la tumba.

Se trata de una de las dos réplicas existentes del Santo Sudario surgidas, como veremos, por un hecho fortuito. Una se encuentra en Francia. La otra, otorgada al Rey de España Felipe II, está depositada en un templo de la ciudad más antigua de nuestro país. Pero ¿realmente es una réplica? ¿No tendremos aquí la auténtica Sábana Santa traída de manera engañosa para protegerla de acechanzas y peligros de destrucción o robo?

Haciendo historia

Esta historia comienza con un incendio en Chambéry, Francia, durante la noche del 3 al 4 de diciembre de 1532. Allí se encontraba, en una urna de madera revestida de plata, depositado el Santo Sudario doblado en ocho pliegos. El fuego quema una esquina del objeto sagrado, mientras algunas gotas de plata derretida afectan incluso pliegues. Tras su pronto rescate, el Manto es puesto, para un mayor cuidado, entre dos paños de tela de tamaño similar; uno por encima y otro por debajo del original.

Dos años después, unas monjas piadosas se ocuparán de la costura de las partes afectadas, dejando marcas que aún hoy son visibles. Es entonces cuando toman conocimiento de algo que juzgan milagroso: aquellas telas que la cubrían estaban convertidas en copias perfectas del original. Allí está el presunto origen de la copia que se encuentra en Santiago del Estero. ¿Cómo llegó a esta parte de América? Es simple. Ocurre que, alrededor del año 1578, el papa Gregorio XIII dona una de las copias al Rey de España. En 1585, año de la muerte del citado papa y la asunción de Sixto V, Felipe II decide enviarla a las colonias de Sudamérica; más precisamente a Santiago del Estero, por ser esta la más antigua de las ciudades fundadas en la región.

Iglesia santiagueña

Había sido erigida el 24 de junio de 1550 por Juan Núñez de Prado. Esta fecha, 24 de junio, es un dato de importancia; no se trata de un día y un mes cualquiera, sino, precisamente, de la fecha del solsticio de invierno en el hemisferio sur, momento venerado por los pueblos originarios y conocido como el Inti Raymi, que en castellano se traduce como "fiesta del Sol". También para el cristianismo se trata de una jornada trascendente. Es, exactamente, seis meses antes del Nacimiento de Jesús y, asimismo, el día de San Juan Bautista. Se nos hace difícil aceptar que se trate de una mera coincidencia. Y menos aún que sea allí donde fuera decidido atesorar la Sábana Santa. Conviene subrayar que, por aquellos días, más que una ciudad, Santiago era una muy humilde aldea. Por razones políticas la población tuvo que trasladarse tres veces hasta afincarse en el lugar definitivo el 25 de julio de 1553. La reliquia estuvo bajo la protección de la Orden de los Jesuitas hasta que fueron expulsados en 1767, por disposición del rey Carlos III, de las posesiones españolas en América, quedando en custodia de la Orden de los Dominicos, Comunidad de Frailes Dominicos; Orden de Predicadores, en cuyo convento se encuentra hasta hoy en día, exhibida en una de las salas del templo, en un lugar discreto sin ningún tipo de adorno o cosa alguna que destaque su presencia. Cubierta por un grueso cristal que la protege de cualquier variable externa, incluso el fuego y con controles medioambientales, puede observársela en toda su extensión. Cabe señalar la inmediata emoción que provoca la figura humana impresa en el lienzo que, según se ha determinado, es tafetán de fibra celulósica. Las medidas de esta "réplica" son prácticamente las mismas que las del Santo Sudario que se encuentra en Turín. El presunto "original" mide 4,32 metros de largo por 1,10 de ancho; mientras que la de Santiago mide 4,40 m por 0,98 m.

Viendo en detalle

De nuestra minuciosa observación hemos constatado que la tela muestra manchas rojas pequeñas en el borde de la parte inferior, así como en el lado izquierdo de la nuca, en la zona de la cabellera. Puntos rojos cual si penetraran la tela con rojo expandido en manchas diluidas. También, tres profusas manchas rojas y gran espacio con un tinte rosado o rojo diluido. Lo mismo se nota en el margen izquierdo del lado del rostro. Aquí el rojo en uno de los sitios parece haber sido extendido con una espátula: esa es la sensación que da. En la parte derecha del rostro, hacia el mentón, se observan profusas manchas rojas. La frente exhibe una ancha mancha oscura pareja. ¿Efecto de la corona de espinas? Las manos se encuentran una sobre la otra, a la altura de las muñecas. La mano derecha está sobre la izquierda y no se observan los pulgares. Se destaca una mancha roja, cual si fuera una perforación, en la muñeca. Este dato, en particular, es extremadamente valioso puesto que por lo usual las obras de arte siempre muestran los clavos perforando las palmas de las manos de Jesús, lo cual es falso, pues las crucifixiones no se hacían de ese modo. Las palmas no habrían podido sostener el peso del cuerpo. Los romanos conocían muy bien esto. Por ello se lo hacía en las muñecas. Precisamente la imagen que aquí aparece respeta esta realidad.

Presunción personal

La indagación en directo de esta tela nos permite afirmar que no es algo pintado con tinturas o elementos que fueran conocidos ni en el siglo XV ni en el XVI ni en los siguientes. Más aún, nos permitimos la pregunta: ¿será, realmente, esta una copia del Santo Sudario? Si se hubiera buscado llevar tan sagrado objeto a un lugar seguro, distante de posibles robos o que fuera tomado como botín de guerra, ¿qué otro sitio mejor que depositarlo en la parte más austral de América? Y así mantener el engaño de que la original estaba en Europa. ¿Acaso suena descabellado? Recordemos, en la misma línea, los relatos sobre el Santo Grial llevado por Parsifal a esas tierras desde dónde se puede ver la Cruz del Sur.

Permítasenos alertar que el lienzo atesorado en Santiago es, nada más y nada menos, que el Santo Sudario auténtico. Llevado a una zona que, tanto para el Papa como para el Rey de España, era lo suficientemente segura como para que pudiera contar con la seguridad y serena veneración que este sagrado objeto merece.

Hay otras tre hipótesis en contra de nuestra teoría

Una teoría es la que subraya el hecho de que la misma tela tiene inscripto el aviso de que se trata de una copia. En efecto, se lee en latín: "VERUM SACRAE SINDONIS EXEMPLAR ASSERVATAE TAURINI", cuya traducción es "Verdadero Ejemplar de la Sabana Santa que se resguarda en Turín"- Pero, claro, si lo que se buscaba era confundir para ocultar que se trata de la tela original, ¿qué mejor que poner esta leyenda y afirmar lo contrario?

Otra idea sostiene que la reliquia es el resultado de la costumbre, iniciada en Europa hacia el 1500, de hacer copias del Santo Sudario para repartirlas en conventos, iglesias y monasterios, que eran ejecutadas por artistas anónimos, pero muy hábiles. Para darles un carácter realmente sacro, estas creaciones eran puestas en contacto con el Lienzo original, lo que habría originado la creencia en la traslación milagrosa de la imagen. Quienes sostienen esta hipótesis, hablan de entre 25 y 50 copias dispersas por el mundo. Pero no pueden explicar dónde se encontrarían aunque más no fuera cinco o diez de estas. De más está decir que las características tan especiales de la figura humana que aparece en el lienzo no es algo que le fuera posible realizar a artista plástico alguno de aquellos tiempos. Justo este es el aspecto central que ha sorprendido a todos los especialistas. No es una pintura ni algo que se encuentre adherido de manera conocida alguna.

Una tercera propuesta sostiene que, tanto la que se venera en Turín como las dos llamadas "copias", son trabajo de anónimos alquimistas y que, por eso, no hay datos concretos de estos objetos antes del siglo XV. Con fórmulas sólo conocidas por estos alquimistas habrían conseguido dar a la tela las enigmáticas características que posee la figura humana que se observa. Sobre todo esto hay comentarios, pero no certezas.

Así, la idea de la tela exhibida en Santiago es una copia más de tantas no encuentra sustento alguno.

¿Suena descabellado? No debiera serlo tanto. Van en la misma línea con los relatos sobre el Santo Grial llevado por Parsifal, para su protección, según indicación del Rey Arturo, también a esas tierras desde dónde se puede ver la Cruz del Sur.

Es el auténtico 

Habiendo estudiado en profundidad el tema, permítasenos alertar que el lienzo atesorado en la ciudad de Santiago del Estero es, nada más y nada menos, que el Santo Sudario auténtico. Llevado a una zona que, en aquellos tiempos y tanto para el Papa como para el Rey de España, era suficientemente alejada y sin riesgos, como para que pudiera contar con la seguridad y serena veneración que este sagrado objeto merece. Por ello, la idea de la tela exhibida en Santiago como una copia más de tantas no encuentra sustento alguno. La de que fuera una de tres hechas por alquimistas no deja de ser una posibilidad, pero, aunque así fuera, entonces no estaríamos ante una "copia", sino ante tres ejemplares originales.

 

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